A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Jugada maestra

La decisión de Ricardo Salinas Pliego de acudir al sistema interamericano no es un arrebato ni una pose mediática. Es una maniobra jurídica pensada para un tablero donde el poder ya no puede moverse en la penumbra. Cuando un caso entra en la órbita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Estado no queda inmovilizado, pero sí observado. Y en política, ser observado lo cambia todo.

CONFLICTO INTERNACIONALIZADO

Llevar el diferendo al plano internacional no concede inmunidad, pero eleva el estándar. A partir de ese momento, cada auditoría, cada resolución, cada declaración oficial deja de ser un acto aislado y pasa a leerse como posible represalia. En derecho internacional, el contexto pesa tanto como el acto. Y cuando el contexto es sub judice, la presunción deja de favorecer al poder.

MEDIDAS CAUTELARES: EL FOCO ROJO

Aceptada la denuncia —o incluso antes, si existe riesgo— la CIDH puede dictar medidas cautelares. No son sentencias, pero sí obligaciones inmediatas de conducta: abstenerse de hostigar, preservar la situación jurídica existente, proteger la integridad personal o evitar daños irreversibles al patrimonio. Se notifican al Estado por la vía diplomática, pero en los hechos llegan a la Presidencia de la República, donde se coordina la respuesta. Una cautelar es un foco rojo que obliga a bajar el tono y a cuidar las formas.

NO ES BLINDAJE, ES DISUASIÓN

Conviene decirlo sin euforia: esto no blinda. El Estado conserva facultades. Lo que cambia es el costo del abuso. Las acciones burdas, espectaculares o desproporcionadas se vuelven caras; cada exceso se documenta y fortalece el expediente. La disuasión no está en la amenaza, sino en la trazabilidad: todo deja rastro.

PATRIMONIO Y PERSONA

En lo patrimonial, la estrategia dificulta afectaciones sin debido proceso y obliga a justificar técnicamente cada paso. En lo personal, el umbral es aún más sensible: la CIDH reacciona con rapidez ante hostigamiento, estigmatización o riesgo a la integridad. Ahí, el poder suele extremar cuidados.

SI ESCALA, OBLIGA

Si el caso llegara a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la música cambia: sus sentencias sí son obligatorias. Reparaciones, cambios normativos, revisiones de procesos. México aceptó esa jurisdicción. No es cortesía; es compromiso.

LA LECCIÓN

Más allá del personaje, el mensaje es institucional: cuando el poder se usa como castigo, el escrutinio internacional no lo detiene de inmediato, pero lo encarece. Y en sistemas donde los contrapesos internos flaquean, ese encarecimiento es hoy uno de los pocos frenos reales. Porque cuando el poder es observado, gobierna distinto.

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