Producto chatarra
La irritación de Donald Trump frente a las Grammys no es un berrinche: es el síntoma de una ruptura cultural profunda. Desde las alfombras rojas del Oscar hasta las galas de los Grammy —incluidos los “latinos”— se ha normalizado que quienes fueron elevados por la industria del entretenimiento utilicen el micrófono para desacreditar a la democracia capitalista que los creó.
FAMA FABRICADA, DISCURSO RECICLADO
Mansiones, joyas, yates, dinero, autos y una fama inflada por la mercadotecnia cultural chatarra; a cambio, una narrativa de desprecio hacia el sistema que les dio todo. El caso de Bad Bunny criticando operativos antimigrantes desde el Olimpo de la celebridad no es una excepción: es el modelo de negocio. No estamos ante rebeldes, sino ante productos: figuras diseñadas para consumo rápido, emocional y acrítico, cuyas expresiones se multiplican por millones gracias al algoritmo.
DEL ENTRETENIMIENTO AL PÚLPITO IDEOLÓGICO
La cultura pop dejó de entretener y se asumió como púlpito. Cantantes, actores y celebridades ya no representan talento ni excelencia, sino consignas. No hay reflexión, hay eslogan. No hay profundidad, hay pose moral. Y lo más grave: se confunde fama con autoridad intelectual.
MAGA Y LA CULTURA QUE CONSTRUYÓ OCCIDENTE
En ese contexto, Make America Great Again no es nostalgia: es una reacción cultural. Es la defensa de los valores que hicieron de Estados Unidos una potencia cultural global en menos de dos siglos. Una cultura que formó generaciones enteras desde Elvis Presley hasta Michael Jackson, y que exportaba mérito, creatividad, libertad individual y aspiración. No resentimiento, ni victimismo, ni autodesprecio.
HUNTINGTON: EL CHOQUE QUE YA ESTÁ AQUÍ
Samuel Huntington lo advirtió con claridad: las civilizaciones no colapsan solo por invasión externa, sino por pérdida de cohesión interna. Una sociedad abierta que renuncia a defender sus valores termina legitimando discursos que buscan sustituirlos. Estados Unidos y Europa confundieron tolerancia con rendición cultural.
GRAMSCI ENTRE PREMIOS Y ALFOMBRAS ROJAS
Nada de esto es espontáneo. Gramsci entendió que la hegemonía cultural se conquista desde el lenguaje, el arte, el entretenimiento. Hoy esa estrategia se expresa en la normalización del matrimonio como construcción ideológica, el feminismo radical como dogma, y la inmigración presentada como derecho absoluto, como si cualquiera pudiera entrar a tu casa sin permiso. No es diversidad: es disolución de normas compartidas.
SCRUTON Y LA REACCIÓN DE SUPERVIVENCIA
Por eso el avance de la derecha en Europa y América Latina no es un capricho ni una moda: es un reflejo de supervivencia civilizatoria. Roger Scruton lo explicó con precisión: cuando una cultura se avergüenza de sí misma, deja el campo libre a quienes sí creen en la suya. Defender fronteras, tradición y ley no es intolerancia; es sentido de realidad.
NO ES CULTURA, ES CHATARRA
La batalla cultural no se libra con discursos edulcorados ni con celebridades fabricadas. Se libra recuperando responsabilidad, mérito, límites y pertenencia. La cultura chatarra entretiene un instante y destruye a largo plazo. Y ninguna civilización sobrevive alimentándose de eso.








