Dinero tirado a la basura
Los proyectos públicos no se evalúan por la fuerza del discurso sino por la consistencia de sus resultados. La propaganda emociona; la contabilidad revela.
De acuerdo con datos oficiales difundidos por la prensa nacional, en 2025 el Tren Maya y los hoteles construidos en su ruta acumularon pérdidas superiores a 6 mil 398 millones de pesos. Los siete hoteles registraron un déficit conjunto de más de 2 mil 819 millones, mientras que el tren perdió alrededor de 3 mil 579 millones entre enero y septiembre. Además, apenas se alcanza una fracción mínima de la meta diaria de pasajeros.
CIFRAS QUE NO ADMITEN CONSIGNA
El argumento original fue que el Tren Maya sería el gran detonador del sureste. La intención de cerrar brechas regionales es legítima. El problema no es el propósito, sino la viabilidad financiera.
Toda infraestructura estratégica puede requerir subsidios iniciales. Eso no escandaliza. Lo preocupante es cuando el subsidio deja de ser temporal y se convierte en estructural, cuando las pérdidas no son parte de una curva de maduración sino un patrón constante.
El dinero para cubrir esos déficits no nace del aire. Sale del presupuesto federal. Es decir, del contribuyente.
EL COSTO DE OPORTUNIDAD
Más de 6 mil millones de pesos en un solo año equivalen aproximadamente a la construcción de entre seis y ocho hospitales generales completamente equipados. También podrían financiar la modernización integral de varios aeropuertos regionales del sureste, ampliando pistas, renovando terminales y fortaleciendo la conectividad aérea, que sigue siendo el verdadero motor del turismo internacional.
Con ese monto podrían rehabilitarse cientos de kilómetros de carreteras estatales o ampliarse significativamente programas de infraestructura hidráulica en estados con alto rezago.
Cada decisión presupuestal implica renunciar a otra posibilidad. Esa es la discusión de fondo.
SUBSIDIOS EN CADENA
El Tren Maya no es un caso aislado. El Estado también ha destinado recursos considerables para sostener a Mexicana de Aviación, empresa que opera con respaldo presupuestal ante la ausencia de rentabilidad propia. Lo mismo ocurrió con el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, creado con una fuerte carga simbólica pero cuya eficacia administrativa y financiera fue ampliamente cuestionada antes de su desaparición formal y reconfiguración.
Cuando se suman los subsidios a empresas públicas deficitarias, proyectos estratégicos y estructuras administrativas de bajo rendimiento, la cifra acumulada se multiplica. El problema no es ideológico; es aritmético.
Un país con crecimiento económico limitado no puede sostener indefinidamente múltiples proyectos que dependen del erario para sobrevivir.
REALISMO Y RESPONSABILIDAD
El sureste necesita inversión. Eso es indiscutible. Pero también necesita eficiencia, evaluación técnica y disciplina presupuestal.
Persistir en negar la realidad de los números no fortalece los proyectos; los debilita. Porque el desarrollo no se decreta. Se construye con productividad, competitividad y buena administración.
Y las finanzas públicas, como la historia, siempre terminan pasando lista.








