Abrecampo: el guardián silencioso de la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo

Figura enigmática y poco comprendida, el Abrecampo abre paso y protege a las chuntá durante los recorridos rituales de la Fiesta Grande, encarnando valores de orden, cuidado comunitario e identidad histórica en Chiapa de Corzo

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón

En el universo simbólico de la Fiesta Grande de Enero de Chiapa de Corzo, uno de los personajes más enigmáticos y menos comprendidos es el Abrecampo, figura mítica que cumple un papel esencial durante los recorridos y celebraciones tradicionales.

Para muchos habitantes y estudiosos de la festividad, su función principal es abrir paso y proteger a las chuntá durante sus recorridos y bailes; para otros, es el guía que garantiza el orden y la armonía en medio de la algarabía colectiva que caracteriza a esta celebración declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La presencia del Abrecampo está profundamente ligada a la leyenda de María de Angulo, relato fundacional que da sentido a diversos símbolos de la Fiesta Grande. Su imagen —un hombre pintado completamente de negro acompañado de una escoba— ha generado múltiples interpretaciones a lo largo del tiempo.

Para algunos, representa la memoria de la esclavitud negra en Chiapas durante épocas tempranas; para otros, es simplemente un símbolo festivo que encarna la energía, la fuerza y el misticismo que envuelven a la celebración.

Durante la Fiesta Grande, los personajes principales son los Parachicos, las chuntá, las chiapanecas, los músicos tradicionales y figuras especiales como el Abrecampo, cada uno con un rol específico dentro de la narrativa ritual que se vive en las calles del pueblo. En ese entramado colectivo, el Abrecampo destaca por su función de resguardo y conducción, reflejando valores comunitarios como el cuidado mutuo, el respeto y la protección, pilares del espíritu festivo de Chiapa de Corzo.

Uno de los momentos más representativos de su participación ocurre durante el tradicional recorrido de la chuntá, el 8 de enero, que inicia por la tarde-noche y recorre las calles al ritmo del tambor y el pito de carrizo. Aunque en la actualidad algunos grupos incorporan bandas o batucadas, la esencia del recorrido se mantiene casi intacta, con el Abrecampo abriendo camino y recordando que la Fiesta Grande no es solo una celebración, sino una expresión viva de identidad, historia y comunidad.

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