Alimentos “saludables” que solo nutren las enfermedades

Etiquetas atractivas y promesas de bienestar esconden altos niveles de azúcar, sal y grasas saturadas en productos de consumo cotidiano. Especialistas advierten que su ingesta habitual favorece obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares, pese a su imagen “saludable”

AquíNoticias Staff

La promesa de una vida sana se ha vuelto un negocio rentable. En supermercados y tiendas especializadas, alimentos promocionados como “saludables” esconden altas cantidades de azúcar, sal y grasas saturadas, una combinación que contradice su narrativa y expone a millones de consumidores a riesgos silenciosos.

Organismos como el Servicio Nacional de Salud (NHS) y la Academia de Nutrición y Dietética coinciden: el consumo frecuente de estos productos se asocia con enfermedades metabólicas y cardiovasculares, un problema que crece en América Latina y España, donde la obesidad y la diabetes avanzan de forma sostenida.

Entre los ejemplos más comunes figuran barras energéticas, yogures saborizados, granolas y panes comerciales etiquetados como “integrales”. Aunque se presentan como opciones sanas, muchos contienen azúcares añadidos —como jarabe de maíz o dextrosa—, grasas saturadas y sodio, muy por encima de lo recomendable.

El NHS subraya que no todos los azúcares son iguales: los naturales de frutas frescas no tienen el mismo impacto que los añadidos durante el procesamiento. Sin embargo, la falta de información clara y el diseño de etiquetas confusas impiden al consumidor identificar estas diferencias.

La Academia de Nutrición y Dietética alerta que productos como las barras de cereal suelen aportar muchas calorías y poca fibra, mientras que yogures con toppings incorporan azúcar adicional que se subestima. En el caso de la granola, su aporte calórico puede ir de 343 a 597 calorías por cada 100 gramos, y en porciones grandes supera fácilmente las recomendaciones diarias de azúcar y grasa.

Otro caso paradigmático es la fruta deshidratada. El proceso concentra el azúcar: 160 gramos de higos secos contienen más de 70 gramos de azúcar, frente a los 20 gramos de dos higos frescos, de acuerdo con la Academia. Lo mismo ocurre con jugos y batidos industriales, incluso aquellos etiquetados como “100% fruta”, que carecen de la fibra de la pieza entera y concentran una alta carga calórica.

Las bebidas deportivas y energéticas, recomendadas de forma indiscriminada, también figuran en la lista. La Academia aconseja priorizar el agua, salvo en ejercicios prolongados, y advierte sobre la cafeína y el azúcar añadidos en estas fórmulas.

El problema se extiende a panes “light” o “integrales”, snacks aparentemente inocuos y aderezos cremosos que transforman ensaladas en bombas de grasa saturada y sal. El resultado es un riesgo cardiovascular acumulativo, especialmente en dietas cotidianas.

Más allá del perfil nutricional, los conservantes alimentarios abren otro frente de debate. Un estudio publicado en The BMJ observó una asociación estadística entre una alta ingesta de aditivos —como el sorbato de potasio (E202) y el nitrito de sodio (E250)— y un mayor riesgo de cáncer de mama, próstata y diabetes tipo 2. Los autores aclaran que no se probó causalidad, pero sí una relación que merece atención.

Ante este escenario, los organismos de salud recomiendan reducir ultraprocesados, optar por alimentos frescos, controlar porciones y leer con detalle las etiquetas nutricionales. El NHS incluso sugiere el uso de aplicaciones para escanear códigos de barras y apoyarse en guías alimentarias oficiales.

El mensaje es claro: no todo lo que se vende como saludable lo es. En un mercado saturado de promesas, la información se convierte en una herramienta de salud pública.

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