Arancel / Eduardo Torres Alonso

En diciembre de 2025, México anunció la imposición de un impuesto del 50 por ciento a las importaciones provenientes de China y otros países. Esta medida responde a la guerra comercial entre Estados Unidos y dicha nación, así como a las presiones que el gobierno de Trump ha ejercido sobre las autoridades mexicanas.

No obstante, el gobierno de México ha rechazado esta interpretación. La presidenta Sheinbaum ha justificado los aranceles como una estrategia para incentivar la producción nacional. Con independencia del motivo que orilló a las autoridades a establecerlos, lo cierto es que los aranceles –figura paradójica en un mundo globalizado– tienen repercusiones en la economía y en la cultura. Muestra de esto es que la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) la eligió como la palabra del año.

Términos propios de la ciencia económica, como el que motiva estas líneas, se han incorporado al vocabulario habitual, como es el caso que se describe. Los medios de comunicación tradicionales y las plataformas de interacción digital como X o TikTok difunden y, en cierto modo, moldean los temas y formas de interacción de las personas. Como antes lo hicieron los periódicos y los libros, hoy las redes sociodigitales ejercen una influencia significativa sobre la percepción del mundo.

Volvamos a la relevancia de los aranceles y su impacto nacional. De acuerdo con el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, el establecimiento de estas barreras para productos provenientes de países sin acuerdos de libre comercio con México busca proteger, al menos, 350,000 empleos (ubicados, en su mayoría, en Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Coahuila, Estado de México, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Puebla y Querétaro). Según sus palabras, el efecto en el consumidor final, será mínimo: sólo habrá un incremento de 0.2 por ciento. Pero cada peso adicional cuenta. México no atraviesa su mejor momento, aunque tampoco enfrenta una crisis como la de los años setenta del siglo XX.

En definitiva, la conversación pública, a juicio de quienes integran la FundéuRAE, estuvo dominada por «arancel», una de las palabras favoritas del presidente Trump, tal como él mismo declaró el 20 de enero de 2025. Entre las finalistas ser elegida se quedaron: «apagón», «boicot», «dron», «generación Z», «macroincendio», «macrorredada», «papa», «preparacionista», «rearme», «tierras raras» y «trumpismo».

El año que concluyó estuvo marcado, en efecto, por las tensiones y los conflictos no sólo militares, sino también comerciales. Trump utilizó los aranceles como herramienta para presionar y doblegar tanto a sus enemigos como a sus supuestos aliados.

Cada quien tendrá su propia palabra del año, pero es innegable que «arancel» estuvo presente en las pláticas cotidianas, de forma directa o no. Sea como sea, su impacto se reflejará en los bolsillos y en los estados de cuenta.

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