A través del equilibrio entre el Sol y la Luna, grupos de danza de los zoques de Tuxtla preservan un ritual de fertilidad que marca el inicio del ciclo agrícola
Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón.-
El Carnaval Zoque de Tuxtla no es solo una antesala a la Cuaresma, sino un complejo ritual astronómico y agrícola conocido como Napapok Etzé (Baile de la pluma de guacamaya). Según Juan Ramón Álvarez Vázquez, primero del baile de carnaval del barrio de San Pascualito, esta festividad representa una lucha entre el bien y el mal, y un equilibrio cósmico que garantiza la continuidad de la vida.
La celebración se rige por un calendario lunar: se realiza durante los tres días previos al Miércoles de Ceniza (domingo, lunes y martes). La fecha varía anualmente porque depende de la primera luna llena después del equinoccio de primavera, la cual marca la Semana Santa. Estos días son considerados por la tradición como un periodo de «caos» y desorden social necesario antes de que la normalidad retorne con la ceniza.
El corazón de la danza es la dualidad de sus personajes principales:
• El Sol (Danzante del Penacho): Un guerrero noble que porta un penacho de plumas de guacamaya, símbolo de la epifanía solar.
• La Luna (Alacandú o Reinita): Representada por una niña de entre 4 y 11 años, vestida con un tocado de espejos que simbolizan las fases lunares.
• Los Suyuetzé (Viejas de Carnaval): Personajes que visten como ancianas sabias y bailan en algunos casos con calabazas, símbolo de fertilidad de la madre tierra. Su función es crear un «desorden» mediante bromas, harina y talco, distrayendo a los espectadores para proteger al Sol y la Luna del «mal de ojo».
La indumentaria de los personajes centrales destaca por su arte plumario, utilizando plumas de guacamaya, pavo real y pato sobre estructuras de bejuco. Debido a que la guacamaya es una especie protegida, los grupos gestionan la obtención legal de plumas a través de donaciones de zoológicos y Unidades de Manejo Ambiental (UMAs), reforzando la conciencia sobre la conservación de la especie.
A diferencia de otros municipios zoques donde predominan figuras de animales como el tigre o el mono, en Tuxtla la cosmovisión se ha mantenido centrada en los astros. Actualmente, cuatro grupos en la ciudad resisten a la globalización, adaptando esta danza ligada al campo a la dinámica de una capital moderna para evitar que la identidad zoque se extinga.








