Celebraciones comunitarias que entrelazan memoria ancestral, sincretismo y expresión colectiva, convirtiendo cada máscara y cada tambor en un relato vivo del sur mexicano
Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón
En las tierras profundamente tradicionales del estado de Chiapas, los carnavales se convierten en auténticos escenarios vivos donde la historia, la cosmovisión indígena y la identidad comunitaria, se expresan con música, danza y color.
Estas celebraciones, con raíces prehispánicas y matices coloniales, no solo representan un atractivo turístico de gran relevancia, sino también un acto de resistencia cultural que mantiene vigentes las tradiciones de los pueblos originarios del sureste mexicano.
Las fechas del carnaval varían de acuerdo al calendario anual, desarrollándose entre los meses de febrero y marzo. En Ocozocoautla de Espinosa, novena ciudad más grande del estado, el Carnaval Zoque “Coiteco” se celebra como un reflejo fiel de la herencia de su cultura antigua y de influencias modernas.
Durante estos días, las calles se llenan de danzantes y personajes emblemáticos como El Mahoma, El Tigre y El Mono, figuras que simbolizan la dualidad entre lo espiritual y lo terrenal, la lucha del bien y el mal, y la conexión con la naturaleza. La música tradicional y el fervor comunitario convierten esta festividad en una experiencia inmersiva, que atrae tanto a visitantes nacionales como internacionales interesados en el turismo cultural.
En el municipio de Las Rosas, el carnaval conocido como “Tancoy” ofrece una expresión cargada de sátira histórica y tradición tzeltal. El personaje central, el Tancoy, porta atuendo militar y máscara ladina, evocando episodios del llamado movimiento mapachista del siglo pasado.
La marimba acompaña las danzas que recorren el pueblo hasta culminar en un encuentro multitudinario en la plaza central, donde tradición, crítica social y memoria histórica, se funden en una sola celebración.
Por su parte, en San Fernando, el Carnaval Zoque se distingue por el ritmo vibrante del tambor y el carrizo, su tigre y su mono. Ambos personajes, representan la fuerza, la fertilidad y la espiritualidad ancestral. La celebración integra elementos paganos y religiosos, evidenciando el sincretismo cultural que caracteriza a muchas festividades chiapanecas. Los ensayos previos al carnaval fortalecen la cohesión social, transmitiendo conocimientos y valores a las nuevas generaciones.
En Venustiano Carranza, el “Ch’ul Lo’il” o Carnaval Totik, revela una profunda conexión con la cosmovisión de los pueblos originarios. Personajes como El Chamo´o y la Marucha, representan la historia sagrada de los Tan ok´etik, manteniendo viva una tradición que, aunque ha evolucionado con el tiempo, conserva su esencia espiritual. Este carnaval es una manifestación de identidad que reafirma el vínculo entre pasado y presente, fortaleciendo el sentido de pertenencia comunitaria. Los anteriores, son tan solo una muestra del inmenso mosaico cultural que simbolizan estas festividades ancestrales, Chiapas, territorio pluricultural, muestra diferentes eventos festivos que giran en torno a esta fecha.
Los carnavales de Chiapas no son únicamente festividades; son expresiones culturales que danzan en armonía con la diversidad étnica del estado. Cada máscara, cada paso de danza y cada sonido de tambor narran historias que han trascendido generaciones. Para el viajero que busca experiencias auténticas, estos carnavales representan una oportunidad invaluable para comprender la riqueza cultural del sur de México, donde tradición y hospitalidad convergen en un espectáculo vibrante de identidad viva.








