El gobierno estatal arranca trabajos de dragado en la costa y el Soconusco para recuperar esteros y reactivar la pesca. La intervención atiende el deterioro, pero deja abierto el debate sobre las causas de fondo
AquíNoticias Staff
El gobierno de Chiapas puso en marcha el programa de rescate del sistema lagunario en la costa y el Soconusco, con trabajos de desazolve y dragado iniciados en el ejido La Conquista, en el municipio de Pijijiapan. La intervención se presenta como una respuesta a años de deterioro ambiental que han reducido la profundidad de lagunas y esteros, afectando la calidad del agua y la producción pesquera.
El problema está documentado: el azolvamiento —producto de la acumulación de sedimentos— ha disminuido los niveles de oxígeno, dificultado la navegación y debilitado el equilibrio ecológico en manglares y sistemas lagunares. El resultado ha sido directo: menor captura, mayor presión económica y un ecosistema en riesgo.
La estrategia oficial contempla el uso de dragas marinas de succión con capacidad de extracción de entre 2 mil y 2 mil 400 metros cúbicos por turno, con un alcance de tiro de hasta mil 600 metros. De acuerdo con lo presentado, los trabajos incluyen estudios previos de batimetría y manejo controlado de sedimentos para reducir impactos ambientales.
El objetivo es recuperar la profundidad de los sistemas lagunarios, mejorar la calidad del agua, restablecer el equilibrio en manglares y reactivar la economía local. El impacto directo se concentra en más de mil 800 familias de pescadores en Pijijiapan, con efectos regionales en municipios como Tonalá, Acapetahua, Mapastepec y Mazatán.
Un elemento político no menor es el origen del financiamiento: la obra se ejecuta con recursos estatales. El mensaje es claro: la intervención se asume como una prioridad local en un contexto donde las demandas del sector pesquero se habían acumulado por décadas.
Sin embargo, el alcance del programa abre una discusión de fondo. El dragado atiende una consecuencia, no la causa. El azolvamiento no es un fenómeno aislado, sino resultado de procesos acumulados: deforestación en zonas altas, cambios de uso de suelo y erosión que terminan depositándose en los cuerpos de agua.
En el propio evento se reconoció este punto: el deterioro de las cuencas en la montaña incide directamente en los sistemas lagunarios. Sin acciones sostenidas en conservación de suelos, manejo forestal y ordenamiento territorial, el problema tenderá a reproducirse.
El programa también incorpora un componente social. Se planteó la corresponsabilidad de las y los pescadores en el cuidado del ecosistema: evitar la contaminación, respetar refugios pesqueros y no utilizar artes de pesca prohibidas. La recuperación, en este sentido, no depende únicamente de la obra, sino de prácticas sostenidas en el territorio.
En términos políticos, el rescate lagunario se inserta en una narrativa más amplia: llevar inversión pública a regiones históricamente marginadas y reactivar economías locales. No es una obra visible en términos urbanos, pero sí estratégica en términos sociales.
El punto de evaluación será otro. No bastará con remover sedimentos ni con desplegar maquinaria. El éxito del programa dependerá de su capacidad para sostener en el tiempo la recuperación ambiental y traducirla en mejores ingresos para las comunidades.
Porque la pregunta no es si el dragado era necesario —lo era—, sino si esta intervención marcará un cambio de modelo o será, una vez más, una corrección temporal frente a un problema estructural.








