Aunque el acceso legal al crédito del Infonavit inicia desde la mayoría de edad, la realidad laboral y el encarecimiento de la vivienda empujan a las nuevas generaciones a comprar su primera casa una década después. No es un problema de edad: es un problema estructural
AquíNoticias Staff
Comprar una casa propia se ha convertido en uno de los mayores retos para los jóvenes, no solo en México, sino en buena parte del mundo. El alza sostenida de los precios de la vivienda, salarios que avanzan más lento y un mercado laboral inestable han desplazado la compra de vivienda hacia edades cada vez más tardías.
En México, la pregunta es recurrente: ¿a qué edad se puede comprar casa con Infonavit? De acuerdo con el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, la edad mínima para solicitar un crédito es de 18 años. La norma es clara; la práctica, no tanto.
Cumplir 18 años no equivale a poder comprar casa. El Infonavit no otorga créditos por edad, sino por historial laboral y de cotización. Para acceder al financiamiento se requiere empleo formal registrado ante el IMSS, alta activa en el instituto, ahorro en la subcuenta de vivienda y alcanzar el puntaje mínimo, que pondera salario, estabilidad laboral, edad y continuidad de aportaciones. En los hechos, la mayoría de las personas jóvenes no puede ejercer el crédito al cumplir la mayoría de edad.
El principal obstáculo no es la regla, sino el tipo de empleo. Una proporción relevante de jóvenes inicia su vida laboral en la informalidad, con contratos temporales o sin prestaciones. Eso retrasa el alta en el Infonavit y la acumulación de puntos. Aunque el instituto ha flexibilizado criterios en años recientes, el puntaje sigue siendo una barrera para quienes apenas comienzan su carrera.
Incluso cuando se alcanza el mínimo requerido, el monto del crédito suele ser limitado. El resultado: viviendas pequeñas, ubicaciones periféricas o con menor infraestructura. Para muchos jóvenes, el costo–beneficio desincentiva el uso inmediato del crédito.
Por eso, la compra real se desplaza. En la práctica, la mayoría de los trabajadores ejerce su primer crédito entre los 30 y 35 años: hay más ahorro acumulado, mejores salarios y mayor estabilidad. No es una excepción mexicana; es una tendencia global donde el poder adquisitivo cae frente al precio del suelo urbano.
El problema rebasa al Infonavit. Es estructural: precios que crecen más rápido que los salarios, ciudades que concentran empleo y créditos de largo plazo que exigen certidumbre laboral. El Infonavit sigue siendo clave, pero no es una solución automática. Sus reglas reflejan —y, a veces, amplifican— las tensiones del mercado laboral y de la vivienda.








