Cuando el agua baja, la historia emerge: la Vieja Concordia resurge desde La Angostura

Durante periodos de sequía en la presa La Angostura, los vestigios del antiguo poblado de La Concordia —inundado en 1974 tras la construcción del complejo hidroeléctrico sobre el río Grijalva— vuelven a quedar al descubierto, revelando un fragmento de la historia territorial de Chiapas

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón

Antes de que el agua cambiara el paisaje para siempre, lo que hoy se conoce como la Vieja Concordia era un poblado activo del municipio de La Concordia cuya vida giraba en torno al campo. El cultivo de maíz, frijol y hortalizas sostenía la economía local, mientras que la extracción de sal en minas cercanas complementaba el sustento de muchas familias.

Todo cambió en 1974 con la construcción de la Presa Belisario Domínguez, mejor conocida como La Angostura. La puesta en marcha de este complejo hidroeléctrico transformó la geografía de la región y obligó a la reubicación de sus habitantes hacia zonas más altas, ante la inminente inundación de las partes bajas del antiguo asentamiento.

Con el paso del tiempo, el viejo pueblo quedó bajo las aguas alimentadas por el Río Grijalva, desapareciendo del mapa visible y permaneciendo únicamente en la memoria colectiva de quienes lo habitaron.

Sin embargo, en 2017, la naturaleza permitió un reencuentro inesperado con ese pasado. La intensa temporada de sequía provocó un descenso notable en los niveles del agua, particularmente en el cauce del Río Cuxtepeques, dejando al descubierto los vestigios de aquel poblado. Muros, calles y estructuras emergieron como una postal detenida en el tiempo.

Este fenómeno convirtió a la Vieja Concordia en un punto de interés para visitantes que buscaban conocer de cerca este testimonio de transformación territorial. Los habitantes actuales encontraron también una oportunidad: comenzaron a ofrecer recorridos en sus embarcaciones pesqueras para acercar a los visitantes hasta las ruinas, generando una actividad turística temporal vinculada a la memoria y al paisaje.

La aparición de este sitio depende completamente del nivel del agua. En condiciones normales, el lugar permanece oculto bajo la superficie, y sólo durante periodos de extrema sequía vuelve a mostrarse, recordando que bajo el espejo del embalse existe una historia que no desapareció, sino que simplemente quedó sumergida.

Hoy, más allá de su valor visual, la Vieja Concordia se ha convertido en un símbolo del cambio, de la adaptación de las comunidades y de cómo el turismo puede surgir incluso desde los silencios que deja el agua.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *