Desde tiempos prehispánicos hasta la actualidad, esta resina fosilizada de 30 millones de años sigue siendo símbolo de identidad, arte y sustento para los pueblos chiapanecos
Noé Juan Farrera Garzón / Aquínoticias
El ámbar chiapaneco, una de las gemas orgánicas más valiosas de México, guarda en su brillo una historia que se remonta a tiempos prehispánicos. Esta resina fosilizada de árboles del género Hymenaea, que crecieron hace 25 a 30 millones de años, fue atesorada por mayas y zoques como material sagrado para ornamentos, amuletos y ofrendas rituales.
Hoy, los municipios de Simojovel y Tenejapa conservan los principales yacimientos, donde mineros locales extraen el ámbar mediante técnicas artesanales en pequeños túneles, una labor que combina tradición ancestral con alto riesgo. La resina, que presenta una paleta de colores desde amarillos dorados hasta tonalidades cobrizas y verdes oscuros, se transforma en joyería fina bajo las manos expertas de artesanos locales.
Más que su valor estético, el ámbar es apreciado por su contenido de ácido succínico, al que se atribuyen propiedades terapéuticas. Esta resina milenaria ha trascendido su uso ornamental: de los rosarios coloniales a las actuales esculturas y amuletos, se mantiene como pilar económico y cultural para las comunidades indígenas. Cada pieza no solo encapsula la luz del sol, sino siglos de historia viva de Chiapas.
Con información de Primer Plano Magazine