Educación como eje de dirección
Es común afirmar que la educación es el motor de la transformación social. Sin embargo, no todos los gobiernos están dispuestos a apostar verdaderamente por ella. Se habla de currícula oculta, de adoctrinamiento, y con frecuencia las políticas públicas en la materia terminan supeditadas a los intereses de quien ostenta el poder. En este entramado, empresarios y sindicatos también juegan su papel, no siempre alineado con el bien común.
Pero en Chiapas algo distinto está ocurriendo. Los planetas parecen haberse alineado y se han establecido objetivos que beben de la filosofía y la cosmovisión de nuestras raíces culturales. Se impulsa un sentimiento de pertenencia a la comunidad, de armonía con el entorno natural y social, sin perder de vista la individualidad, entendida como parte de un todo. Una filosofía sustentada en el silencio de la mente, la búsqueda de la paz interior y el respeto al hermano y a la Madre Tierra.
Estos principios dan sustento al Lekil Kuxlejal —el buen vivir— como eje rector de la política educativa en Chiapas. De esta visión se desprende el ambicioso programa Chiapas Puede, una cruzada alfabetizadora que busca abrir conciencias mediante la apropiación de la lectoescritura en la población adulta, generando un universo de posibilidades: conocimiento, cultura, recreación y comunicación.
Para emprender esta gran cruzada fue indispensable conformar un verdadero ejército alfabetizador y crear las condiciones necesarias para su despliegue. El viento ha sido favorable para la navegación del barco que dirige Roger Adrián Mandujano Ayala. La encomienda encontró eco, y en figuras como Gilberto de los Santos Cruz y Hugo Campos Flores —quienes han sido parte medular de la Secretaría de Educación estatal— los resultados comienzan a ser visibles. No solo en materia de alfabetización, sino en el funcionamiento integral del engranaje educativo, cada vez más acorde a las exigencias de la sociedad.
Desde luego, aún queda mucho por hacer: infraestructura, mobiliario, capacitación y equipamiento siguen siendo tareas pendientes. No obstante, existe una percepción creciente de que las cosas se están haciendo bien. Y en los tiempos que corren, lograr la confianza social es un capital político difícil de obtener.
El mayor desafío —o, si se quiere, el principal catalizador— se encuentra en el gremio docente. Son miles de maestras y maestros quienes constituyen la fuerza operativa del sistema educativo y quienes, en última instancia, encarnan esta misión mediante sus acciones cotidianas. Como ocurre en cualquier organización, cuando existe lealtad y confianza en quien lidera, la maquinaria funciona. En educación, esto nos conduce inevitablemente al tema de la evaluación, ámbito en el que el capitán Roger ha mostrado un desempeño sobresaliente.
La educación, cuando se asume como eje de dirección y no como botín político, deja de ser discurso y se convierte en proyecto de futuro. Chiapas parece haber entendido esta lección.








