El legado vivo de Juana Gómez Ramírez en Chiapas

En Amatenango del Valle, la trayectoria de Juana Gómez Ramírez confirma que el barro puede ser sustento, memoria e identidad: sus jaguares artesanales han proyectado a Chiapas al mundo sin romper la raíz comunitaria

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón

En Amatenango del Valle, la tradición alfarera encuentra una de sus máximas expresiones en el trabajo de Juana Gómez Ramírez, conocida en lengua tzeltal como Xhana Compash Otol; nacida en 1982, su historia es también la de muchas familias chiapanecas que han hecho del barro no solo un medio de subsistencia, sino un vehículo de identidad cultural.

Desde los seis años comenzó a moldear figuras junto a su madre, Doña Feliciana Ramírez, en un contexto marcado por la ausencia paterna y la necesidad económica, lo que convirtió a la cerámica en el sustento familiar.

Con el paso del tiempo, aquella niña que recorría mercados cargando piezas rumbo a San Cristóbal de Las Casas, Comitán y Villaflores, se consolidó como una de las artesanas más reconocidas del estado. Su especialidad, los jaguares de barro, no solo destaca por su estética, sino por su profundo significado: en la cosmovisión mesoamericana, el jaguar representa fuerza, poder y conexión espiritual. Juana tomó esta figura y la transformó en un símbolo contemporáneo, logrando posicionarla dentro del arte popular mexicano a nivel internacional.

A diferencia de la tradición local centrada en la elaboración de ollas y utensilios domésticos, Juana apostó por innovar. Su insistencia en recrear los tradicionales jaguares —inspirados en imágenes escolares y en su entorno cultural— marcó un punto de quiebre en la producción artesanal de su comunidad, ampliando el repertorio y abriendo nuevas posibilidades de mercado. Hoy, sus piezas han sido exhibidas en países como Estados Unidos, Inglaterra, Bélgica, España y Australia, llevando el nombre de Chiapas más allá de sus fronteras.

Su taller, ubicado en Amatenango del Valle, es también un espacio familiar donde participan su madre, su esposo Feliciano, su cuñado Vicente, sus hermanos y uno de sus hijos. Más que un sitio de producción, se ha convertido en un punto de encuentro para visitantes interesados en conocer de cerca el proceso artesanal, lo que fortalece el turismo cultural y la economía local.

El reconocimiento a su trayectoria no se ha hecho esperar. En 2013 fue distinguida por el Fondo Cultural Banamex como una de las grandes maestras artesanas de México, y en 2025 recibió el Premio Estatal “Mujer Transformadora”, otorgado por el Congreso de Chiapas, por su liderazgo y aportación al desarrollo cultural y social.

Más allá de los premios, el impacto de Juana Gómez Ramírez se refleja en su comunidad. Su trabajo ha impulsado el empoderamiento femenino en el ámbito rural, demostrando que la creatividad y la perseverancia pueden generar oportunidades económicas y sociales. Su historia, marcada por la constancia y la resistencia ante las críticas iniciales, inspira a nuevas generaciones a valorar sus raíces y a innovar desde lo local.

Visitar Amatenango del Valle y conocer su taller no solo permite apreciar la belleza de sus piezas, sino entender cómo el arte popular puede ser un puente entre la tradición y el presente. En cada jaguar de barro, Juana no solo modela una figura: preserva una herencia cultural que sigue viva y en constante transformación.

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