El plan B va / Rosy Urbina

El Plan B de la Reforma Electoral representa una clara y contundente reafirmación del Proyecto de Transformación Nacional: erradicar los privilegios que durante décadas distorsionaron la vida democrática del país y colocar, sin simulaciones, al pueblo en el centro de las decisiones públicas.

En las pasadas elecciones del 2 de junio del 2024, México votó por un cambio profundo: una democracia sin privilegios y con el pueblo en el centro. Desde su campaña, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, fue clara al asumir un compromiso firme: avanzar hacia un sistema electoral más austero, más participativo y justo, donde los recursos públicos dejaran de sostener excesos y se orientaran al bienestar de la gente.

Hoy, ese compromiso no solo se mantiene, avanza con en el Plan B de la reforma electoral, una propuesta que reafirma que la transformación no se detiene y que el mandato popular se honra con hechos.

Está propuesta no es superficial, sino un rediseño del sistema electoral que, sin modificar la Constitución, introduce ajustes normativos clave en leyes secundarias para hacerlo más eficiente, austero y cercano a la ciudadanía.

En términos técnicos, se plantea la racionalización del gasto público mediante la aplicación estricta de los principios de austeridad y disciplina presupuestaria, lo que implica la revisión de los techos financieros de los organismos electorales locales y la adecuación de criterios salariales con el principio de que ningún funcionario puede ganar más que la persona titular del Ejecutivo Federal.

Asimismo, se contempla la simplificación administrativa de los organismos electorales, orientada a eliminar duplicidades, compactar estructuras orgánicas y optimizar el uso de recursos humanos y materiales, sin comprometer las funciones sustantivas de organización electoral. Esto se traduce en una mayor eficiencia institucional, pero también en una reducción de los espacios históricamente asociados a privilegios y discrecionalidad.

De igual forma, se fortalece la fiscalización de los recursos públicos que reciben los partidos políticos, reforzando los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, así como criterios más estrictos en la asignación de financiamiento, privilegiando la equidad y la eficiencia sobre el dispendio.

Con esta reforma, no solo se pretende la consolidación de un sistema electoral más austero y eficiente, sino también poner el poder público al servicio de la ciudadanía.

Por ello, desde la Bancada de Morena, en la Cámara de Diputados, respaldamos con convicción el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, y la iniciativapresentada que, como la misma presidenta menciona, busca una democracia más austera, más transparente y profundamente participativa; donde cada peso público se utilice con responsabilidad y cada decisión tenga como eje el bienestar colectivo.

Porque en la Cuarta Transformación hay un principio que no admite retrocesos ni matices: primero el pueblo, siempre el pueblo. Y es bajo esa convicción que seguimos avanzando, con firmeza y claridad, hacia un México más justo, más equitativo y verdaderamente democrático.

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