Especialistas de la UNAM advierten que la acumulación compulsiva de animales, reconocida en el DSM-5, provoca sufrimiento animal, deterioro de la salud humana y riesgos sanitarios, y requiere atención psicológica y social especializada
AquíNoticias Staff
Entre los trastornos reconocidos por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) se encuentra el síndrome del arca de Noé, una patología poco conocida que se caracteriza por la acumulación compulsiva de animales domésticos, a los cuales la persona afectada no logra brindar cuidados adecuados y niega o no reconoce el abandono en el que se encuentran.
De no ser atendido, este trastorno puede provocar enfermedad, sufrimiento e incluso la muerte de los animales, además de un deterioro progresivo de la salud física y mental de quien lo padece. Su nombre alude al relato bíblico de Noé, quien resguardó animales de todas las especies durante el diluvio universal, aunque en este caso la referencia simbólica contrasta con un escenario de hacinamiento y negligencia involuntaria.
En entrevistas por separado, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explicaron las implicaciones clínicas, sociales y éticas de este fenómeno.
El psicólogo Hugo Sánchez Castillo, profesor de la Facultad de Psicología y jefe del Laboratorio de Neuropsicofarmacología y Estimación Temporal, definió el síndrome como “una compulsión en cuanto a la acumulación, en este caso, de seres vivos”.
El académico aclaró que, aunque suele confundirse con el síndrome de Diógenes, existen diferencias sustanciales. Mientras que en este último predomina el abandono y la acumulación de objetos o basura, en el arca de Noé la acumulación es de animales, lo que genera un entorno sanitario y emocional completamente distinto.
Sánchez Castillo indicó que el trastorno se presenta con mayor frecuencia en personas adultas mayores, especialmente aquellas que enfrentan soledad, pérdidas afectivas o abandono. “Muchos casos se relacionan con el síndrome del nido vacío: los hijos se van, fallece la pareja y la persona queda sola. Los animales aparecen como fuente de afecto, pero la acumulación se vuelve patológica”, explicó.
Aunque no existen estadísticas oficiales, algunos estudiosos estiman que alrededor del 1 % de la población mundial podría padecer este síndrome. El especialista advirtió que ciertas prácticas culturales —como la normalización de la adopción múltiple de mascotas— pueden favorecer su invisibilización. “Tener varios animales puede parecer un acto de amor, pero en espacios reducidos hablamos de hacinamiento y de un riesgo sanitario serio”, señaló.
Desde la etología, la especialista Claudia Edwards Patiño, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, subrayó que este síndrome combina maltrato animal, afectaciones a la salud pública y vacíos legales, con consecuencias graves tanto para los animales como para las personas involucradas.
Para evaluar el impacto en los animales, Edwards Patiño se refirió al modelo de los cinco dominios del bienestar animal: nutrición, ambiente, salud, conducta y estado mental. En casos de acumulación, explicó, los animales suelen padecer desnutrición severa, deshidratación, enfermedades, estrés crónico y alteraciones conductuales.
En el ámbito ambiental, el hacinamiento genera condiciones insalubres extremas. “Los niveles de amoníaco son tan altos que dañan las mucosas; incluso los rescatistas deben usar mascarillas. Los propios animales sufren irritaciones y enfermedades constantes”, apuntó.
La reproducción descontrolada y la ausencia de cuarentenas incrementan los riesgos sanitarios, mientras que la conducta animal se ve alterada por la competencia por recursos, el miedo y la falta de contacto humano, lo que dificulta su rehabilitación.
Ambos especialistas coincidieron en que el tratamiento debe ser integral y multidisciplinario. Sánchez Castillo destacó la necesidad de terapia psicológica, apoyo farmacológico en casos graves y un acompañamiento familiar cuidadoso. “El desprendimiento de los animales no puede ser abrupto; debe ser paulatino y acompañado”, afirmó.
Edwards Patiño añadió que enfrentar este fenómeno no debe centrarse únicamente en el castigo. “Muchas de estas personas requieren atención clínica. Por eso hemos propuesto que la Ley General de Bienestar Animal contemple atención especializada para quienes incurren en acumulación”, explicó, al tiempo que recordó que todos los estados del país ya penalizan el maltrato animal.
Los especialistas insistieron en que reconocer el síndrome del arca de Noé como una patología —y no como un exceso de amor por los animales— es el primer paso para proteger a los animales, apoyar a las personas afectadas y prevenir riesgos sanitarios para la sociedad.








