El proyecto busca ordenar el turismo de montaña en la frontera sur mediante rutas sustentables, participación comunitaria y conservación ambiental, con la intención de generar empleo local y fortalecer la identidad territorial
AquíNoticias Staff
El gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, presentó el proyecto del Volcán Tacaná como parte del programa Senderos Extraordinarios, una estrategia que busca redefinir el rumbo de la región a partir de la conservación ambiental, el turismo responsable y el desarrollo comunitario.
Durante el anuncio, Ramírez Aguilar subrayó el valor simbólico y estratégico del Tacaná para Chiapas. “El Tacaná es símbolo de identidad y de la grandeza natural de Chiapas”, expresó, al señalar que el proyecto se inscribe en una visión humanista que pretende convertir cada ruta en un camino de bienestar y futuro para las comunidades que habitan la zona.
El mandatario sostuvo que la iniciativa se construye de manera coordinada con autoridades locales y personas prestadoras de servicios, con el objetivo de fortalecer las rutas, diversificar la oferta turística y posicionar a la región como un destino de montaña de alcance internacional. La apuesta, afirmó, es que el turismo no sea extractivo ni excluyente, sino una actividad que genere ingresos directos, empleos locales y derrama económica en las comunidades.
Más allá del componente turístico, el proyecto del Tacaná plantea una lectura política del territorio: el aprovechamiento responsable de los recursos naturales como vía para ordenar el desarrollo regional y reducir desigualdades históricas. En ese sentido, Ramírez Aguilar enfatizó que el turismo es una de las principales actividades económicas del estado, pero también un factor que fortalece la identidad y pone en valor la riqueza cultural, histórica y natural de Chiapas.
La inclusión del Volcán Tacaná en el programa Senderos Extraordinarios se presenta así como un intento de equilibrar conservación y desarrollo, en una región donde el reto no es atraer visitantes, sino hacerlo sin comprometer el entorno ni desplazar a las comunidades que han resguardado el territorio.
El proyecto abre una expectativa clara: que el Tacaná deje de ser solo un emblema natural para convertirse en un motor de desarrollo comunitario, bajo un modelo de turismo que, más que vender paisaje, apueste por arraigo, sostenibilidad y futuro compartido.








