Entre dioses y gobernantes: el profundo simbolismo del jade en la civilización maya

La piedra sagrada que conecta vida, poder y eternidad en el mundo prehispánico

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón.

El jade fue una de las piedras más valiosas y significativas para la civilización maya, no únicamente por su belleza, sino por el complejo simbolismo que encerraba. Algunos investigadores de la cosmovisión Maya, aseguran que su color verde evocaba el maíz, el agua y la vegetación, elementos esenciales para la vida y la fertilidad, por lo que era considerado la encarnación de la fuerza vital y la regeneración constante de la naturaleza.

En el mundo prehispánico mesoamericano, esta piedra representaba el aliento de vida y la continuidad entre el nacimiento, la muerte y el renacer.

Más allá de lo natural, el jade mantenía una profunda conexión con lo divino. Era visto como un material sagrado capaz de mediar entre el mundo humano y el sobrenatural, motivo por el cual se utilizaba en ceremonias religiosas, dedicadas a los dioses de la lluvia y la fertilidad. Ofrendar jade significaba buscar equilibrio, abundancia y protección espiritual para la comunidad.

El uso del jade también estaba estrechamente ligado al estatus social y al poder político. Solo las élites podían portarlo: gobernantes, nobles y sacerdotes lucían collares, cuentas, diademas y pendientes como símbolo de autoridad y legitimidad. Las hachas ceremoniales de jade, lejos de ser armas, funcionaban como emblemas de poder y como ofrendas sagradas vinculadas a la fuerza creadora y la fertilidad.

En los rituales funerarios, el jade adquiría un significado aún más profundo. Era común colocar cuentas de jade en la boca de los difuntos, especialmente de los gobernantes, como símbolo del aliento vital y la promesa de inmortalidad. Un ejemplo emblemático es la máscara funeraria de Pakal, hallada en Palenque, elaborada con mosaicos de jade que representaban la transformación del gobernante en una entidad divina y su tránsito al más allá.

En el mundo actual, Chiapas ofrece espacios únicos para conocer y apreciar este legado ancestral. El Museo Mesoamericano del Jade, en el Barrio del Cerrillo de San Cristóbal de las Casas, está dedicado exclusivamente a esta piedra sagrada y a su importancia en las culturas mesoamericanas. Sus salas exhiben piezas de distintas épocas, desde el periodo Preclásico hasta el Posclásico, y destacan joyería, hachas ceremoniales y ornamentos rituales. Una de sus principales atracciones es la recreación del sepulcro de Pakal, con una réplica de su icónica máscara funeraria.

La zona arqueológica de Palenque, aunque no es un museo de jade, conserva el contexto histórico donde se hallaron las piezas más representativas, mientras que en San Cristóbal de las Casas diversos talleres y tiendas locales mantienen viva la tradición, trabajando el jade de manera contemporánea con inspiración en el legado maya. Visitar estos espacios es adentrarse en una historia donde el jade sigue siendo un puente entre el pasado y el presente, entre lo humano y lo sagrado.

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