Héctor Estrada / En la Mira

¿Qué pasa con Tila y conflicto armado?

La reaparición del Frente Comunitario Indígena, también conocido como “Los Autónomos”, en el municipio de Tila, Chiapas, ha revivido mediáticamente un conflicto, de treguas intermitentes y disputas cada vez más complejas, que no parece tener solución definitiva… Pero, ¿cómo se gestó ese problema que ha tenido a miles en medio de la violencia?

La problemática en Tila terminó por estallar en 2015 luego de que un nutrido grupo de ejidatarios indígenas decidiera tomar por la fuerza el ayuntamiento para asumir el control de las tierras, incluida la cabecera municipal, que, aseguran, fueron arrebatas de manera ilegal hace más de 50 años.

Los ajustes agrarios en ese municipio de Chiapas que dieron origen a la problemática datan del año de 1934 cuando, mediante un decreto presidencial, se devolvió la propiedad ejidal de las tierras a la población ch’ol y tzeltal que a lo largo del tiempo habían sido desplazas por familias mestiza. Sin embargo, en ese momento nada se hizo para regularizar o conciliar la situación.

Las décadas pasaron y el desarrollo poblacional de la cabecera, mayoritariamente ocupada por familias mestizas, creció considerablemente, dejando sin efectos reales al decreto de 1934. Así fue como en 1971 cuando, en un intento de dar certidumbre legal a decenas de familias de la cabecera municipal, se inició un proceso legal para tratar de expropiar 130 hectáreas.

La mayoría eran tierra que habían quedado ya dentro del desarrollo urbano de la cabecera municipal e inmediaciones. No obstante, los ejidatarios indígenas se ampararon contra dicho procedimiento que terminó por sentenciarse a su favor en 2009, pero el juez determinó que era ya imposible restituir las tierras y propuso que la sentencia se ejecutara de formas alternativas, como una compensación económica o la entrega de tierras equivalentes.

Finalmente, en 2010 el caso fue atraído por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), convirtiendo el expediente en uno de los primeros casos de derechos colectivos de pueblos indígenas que fueron atraídos por la máxima instancia de justicia del país.

En uno de los casos más complicados, la Suprema Corte inició desde 2010 un proceso de peritajes que se extendieron más de lo esperado, hasta diciembre de 2015 cuando los ejidatarios indígenas decidieron tomar por la fuerza armada el ayuntamiento y todo el control de la cabecera municipal, desplazando a las caciquiles autoridades municipales hacia otro poblado.

Desde entonces conformaron un gobierno autoproclamado autónomo que puso como condición a los pobladores de la cabecera municipal acatarse a sus nuevas reglas o desalojar “sus tierras”, por lo que la situación no tardó en generar confrontaciones. Pronto los pobladores se organizaron para defender lo que también asumían como sus hogares y patrimonio.

Y es que, en 2018 finalmente la SCJN decidió devolver el caso a los tribunales menores, dejando nuevamente el asunto en el limbo jurídico. Por eso el conflicto se ha convertido en un tema sin salida donde la violencia es la constante.

La entrada de las fuerzas de seguridad para recobrar el control y la irrupción violenta de los ejidatarios autónomos se ha convertido en un asunto cíclico. Con ejidatarios autónomos armados y pobladores también dispuestos a defender “sus familias y hogares” a costa de lo que sea, el conflicto en Tila parece estar aún muy lejos de una salida conciliatoria.

Y las cosas se pusieron aún peor durante los últimos años. La aparición de nuevos grupos del crimen organizado, ligados a figuras políticas, terminaron contaminando aún más el conflicto.  Y es que, al final, el problema agrario terminó pasando de un levantamiento armado de ejidatarios a una disputa con nuevos grupos criminales que irrumpieron en la región para tomar el control y hacer frente a los autónomos.

Por eso el nuevo punto de quiebre reciente, que dio paso al rompimiento de los acuerdos de civilidad y a la reaparición mediática de comuneros armados que luego fueron detenidos por las autoridades. Se trata pues, de un asunto mucho más complejo de lo que parece, que lamentablemente se ha dejado crecer durante sexenios enteros y subsiste hoy bajo intermitencias violentas, complicándose con el tiempo… así las cosas.

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