En los Altos de Chiapas, el carnaval K’in Tajimol no es espectáculo ni postal turística: es un sistema simbólico donde la danza sostiene la identidad, la historia y la espiritualidad del pueblo tsotsil
Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón
La Danza de los Tsotsiles, en el marco del carnaval K’in Tajimol de Huixtán es una de las celebraciones rituales más profundas y simbólicas de los Altos de Chiapas, donde convergen la cosmovisión maya, la herencia colonial y una firme resistencia cultural.
Este carnaval tsotsil, cuyo nombre significa “día de juego” o “día de danza”, se vive durante tres o cuatro domingos consecutivos previos al Domingo de Ramos y culmina el Miércoles de Ceniza, marcando el inicio de la Cuaresma dentro del calendario cristiano, pero desde una interpretación profundamente indígena.
La cabecera municipal de Huixtán, conocida en tsotsil como Jteklum (cabecera), se convierte en el epicentro de esta celebración, donde los danzantes recorren sus calles y espacios sagrados encarnando personajes como los Tanchaks y Potsets. Estas figuras no solo forman parte del colorido ritual, sino que representan la memoria histórica, espiritual y social del pueblo tsotsil, transmitida de generación en generación mediante la danza, la música y el simbolismo de sus atuendos.
El K’in Tajimol combina el respeto a la tierra, a la energía cósmica y a los ciclos naturales —propios de la cosmovisión maya— con elementos cristianos introducidos durante la Colonia, como la representación del Santo Entierro de Cristo. Esta fusión no implica pérdida de identidad, sino una apropiación cultural que ha permitido a la comunidad preservar su visión del mundo frente a procesos históricos de imposición y cambio.
Más allá de su valor ceremonial, el carnaval cumple una función social fundamental: refuerza la identidad comunitaria, fortalece los lazos colectivos y transmite valores culturales a las nuevas generaciones. Sin embargo, la migración y la influencia externa representan desafíos reales para la continuidad de esta tradición.
Algunos especialistas advierten sobre el riesgo de la folklorización, es decir, que la danza se convierta únicamente en un espectáculo turístico y pierda su sentido ritual y comunitario. A pesar de ello, la comunidad de Huixtán mantiene el K’in Tajimol como un acto de resistencia, memoria histórica e identidad viva. Para el visitante respetuoso, presenciar esta danza es una oportunidad única de acercarse a una manifestación cultural auténtica, donde el turismo cultural puede convertirse en un aliado de la preservación, siempre que se privilegie el respeto, la comprensión y el reconocimiento del profundo significado espiritual que encierra esta celebración.








