Joyonaqué y chamal: herencia de los pueblos

En Chiapa de Corzo, dos nombres revelan una misma raíz cultural: la ofrenda floral que une memoria, fe y el intercambio vivo entre pueblos originarios de Chiapas

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón

En Chiapa de Corzo, una práctica tradicional se hace presente, la elaboración de piezas florales en un sentido más íntimo y comunitario, que permite redescubrir el valor cultural que existe detrás de dos conceptos que suelen confundirse: el joyonaqué y el chamal.

Aunque a simple vista pueden parecer lo mismo, la diferencia entre ambos términos revela la riqueza del intercambio cultural en la región. El joyonaqué proviene de la lengua zoque y se traduce como “flor costurada”, una descripción que remite directamente a su técnica de elaboración, donde flores y elementos naturales se entrelazan con precisión para formar ramilletes.

Por otro lado, en la antigua lengua chiapaneca, esta misma pieza recibe el nombre de chamal, que significa “escudo protector”, dotando al objeto de un sentido simbólico ligado a la protección espiritual.

Esta diferencia no separa, sino que une. La cercanía entre la cultura zoque de Tuxtla Gutiérrez y la tradición chiapaneca de Chiapa de Corzo, ha permitido que ambos significados convivan y se integren en un mismo contexto ritual. Con el tiempo, este intercambio natural ha permeado en las celebraciones religiosas, donde hoy el joyonaqué —o chamal— se ha convertido en un símbolo de ofrenda, fe y protección.

Durante las actividades, en la que participan representantes de municipios como Tuxtla Gutiérrez o San Fernando, Venustiano Carranza y el propio Chiapa de Corzo, maestros ramilleteros comparten sus conocimientos, destacando la importancia de mantener viva esta tradición y de abrir espacios para que nuevas generaciones se involucren en su aprendizaje.

Las piezas elaboradas son bendecidas y colocadas en los altares, reforzando su valor espiritual más allá de lo estético. Este tipo de actividades, no solo recuperan prácticas que pueden estar en riesgo de desaparecer, también evidencian cómo el diálogo entre culturas puede transformar una expresión artesanal, en un símbolo compartido de identidad, devoción y memoria colectiva.

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