La maestra alfarera conmemoró el aniversario de su taller en Amatenango del Valle con una celebración comunitaria que reafirmó la enseñanza compartida, la vida colectiva y la continuidad de una tradición indígena viva
Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón
En un ambiente lleno de música, color y emociones, Juana Gómez Ramírez celebró el pasado sábado 24 de enero el octavo aniversario de su taller de alfarería, ubicado en el corazón de Amatenango del Valle, Chiapas, cuna de una de las tradiciones artesanales más importantes del estado.
Rodeada de familiares, amigos, artesanos provenientes de diversas comunidades y visitantes que han seguido de cerca su trayectoria, la ceremonia se convirtió en una auténtica fiesta cultural. La marimba marcó el ritmo de la jornada, mientras los bailables tradicionales y las palabras de invitados especiales dieron testimonio del impacto que Juana ha tenido no solo en su comunidad, sino más allá de las fronteras.
Reconocida a nivel internacional como maestra alfarera, Juana Gómez se ha distinguido no solo por la calidad y belleza de sus piezas de barro, sino por su espíritu generoso. Lejos de caminar sola, ha construido un proyecto colectivo donde invita, enseña y motiva a otros artesanos a crecer junto a ella, a perfeccionar su técnica y a abrirse camino en nuevos mercados.
“Eso es lo que la hace grande”, coincidieron varios de los artesanos presentes, quienes destacaron su disposición para compartir conocimientos, oportunidades y espacios de exhibición. En un mundo donde muchas veces el éxito se guarda bajo llave, Juana ha optado por multiplicarlo.
Cada detalle de la celebración fue cuidadosamente preparado: desde la decoración hasta el programa cultural, reflejando el amor y respeto que Juana siente por su oficio y por las personas que la han acompañado en este recorrido de ocho años.
Su taller, más que un espacio de trabajo, se ha convertido en un punto de encuentro donde la tradición se preserva y se proyecta hacia el futuro. Allí, manos expertas dan forma a figuras emblemáticas de Amatenango, piezas que hoy viajan por México y el mundo como embajadoras de la cultura chiapaneca.
La historia de Juana Gómez Ramírez es también un ejemplo de crecimiento profesional desde las raíces indígenas, demostrando que el talento, la disciplina y la solidaridad pueden abrir puertas sin perder la identidad.
Ocho años no son poca cosa, pero para quienes conocen su determinación, este aniversario es apenas una estación más en un camino que promete seguir dando frutos.
Felicidades a Juana Gómez por lo logrado, por lo compartido y por todo lo que viene, que sin duda será tan grande como su corazón y su legado de barro convertido en arte.








