Por primera vez en la época contemporánea, el Pleno de la Suprema Corte sesionó fuera de la Ciudad de México. El mensaje fue político: la justicia ya no quiere ser lejana
AquíNoticias Staff
La Suprema Corte de Justicia de la Nación dejó su sede en el centro del país y sesionó en territorio indígena. No fue una visita protocolaria. Fue una decisión con carga política e institucional: llevar el máximo tribunal al corazón de una comunidad tzeltal en Chiapas.
El ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz abrió la sesión con un mensaje en lengua indígena y una afirmación que marca un parteaguas: “Hoy es un día histórico para nuestro país”. Y lo fue. Por primera vez en la época contemporánea, el Pleno deliberó fuera del mármol del edificio de Pino Suárez.
El gesto no es menor. Durante décadas, la Corte fue percibida como una autoridad distante, cuyos efectos llegaban a las comunidades sin rostro ni explicación. El propio ministro presidente lo reconoció: en su comunidad, las decisiones judiciales “llegaban como efectos de un poder lejano”.
La sesión en Tenejapa buscó romper esa distancia simbólica.
Justicia visible, deliberación abierta
La Corte no solo trasladó físicamente su sesión; abrió el proceso deliberativo ante una comunidad históricamente relegada. Ministras y ministros sesionaron bajo el formato formal que exige su reglamento, pero con un mensaje claro: la justicia debe ser comprensible, cercana y verificable.
“Que ustedes vean que somos de carne y hueso”, dijo Aguilar Ortiz.
El mensaje tiene lectura política. En un contexto de reformas constitucionales recientes en materia indígena —particularmente la modificación del 30 de septiembre que fortaleció derechos colectivos— la presencia del Pleno en Chiapas envía una señal: la Corte no será espectadora del nuevo orden jurídico.
El reclamo de cinco años
El asunto abordado en esta sesión extraordinaria tiene más de cinco años de espera. Se trata de un caso que involucra directamente a una comunidad chiapaneca y que se enmarca en la nueva arquitectura constitucional en materia de pueblos indígenas.
No fue casual que la Corte eligiera Chiapas: el estado concentra una de las mayores poblaciones indígenas del país y arrastra brechas históricas en acceso a la justicia.
La sesión en territorio implica reconocer que la Constitución no es solo un texto que se interpreta en la capital, sino una norma que debe vivirse en cada región.
Un nuevo rostro institucional
La escena fue inédita: ministras y ministros presentándose ante una comunidad, explicando su función, reconociendo que la justicia se había sentido ajena.
En términos simbólicos, la Corte pasó de ser una autoridad abstracta a un órgano deliberativo visible.
En términos políticos, el movimiento es más profundo: la legitimidad ya no se construye únicamente en la sede central, sino en el territorio.
La Corte se movió. Y ese movimiento redefine la relación entre justicia y ciudadanía.
Lo que ocurrió en Tenejapa no fue solo una sesión itinerante. Fue un mensaje institucional: la justicia constitucional quiere caminar de la mano con el pueblo.








