La democracia en Hispanoamérica / Eduardo Torres Alonso

El más reciente libro de Santiago Muñoz Machado, cuyo título inspira esta colaboración, remite, de manera inevitable, a La democracia en América, la célebre obra de Alexis de Tocqueville publicada en 1835 y 1840 en dos volúmenes. La elección del título por Muñoz Machado no es fortuita: el autor se propone ofrecer una versión hispanoamericana de la historia de la democracia, dialogando con el legado tocquevilleano.

La magnitud de La democracia en Hispanoamérica es evidente no sólo por su extensión (casi mil páginas, aunque él está acostumbrado a obras de esa extensión, como su Cervantes que rebasa ese número), sino por la profundidad del análisis. El libro amerita una lectura atenta, cuidadosa, rigurosa y nada condescendiente. Se trata, pues, de una ambiciosa historia de los procesos políticos en América Latina mostrando cómo estos han influido en las instituciones formales y en la imaginación colectiva. Muñoz Machado lleva a cabo un examen histórico de largo aliento que se inicia con las luchas por la independencia de los territorios en América Latina y el Caribe y culmina en lo que él llama el neoconstitucionalismo contemporáneo. A través de este extenso periodo de estudio, el autor busca comprender los desafíos de la democracia en el ámbito hispanoamericano.

El autor sostiene que una de las dificultades más fuertes para consolidar la democracia en la región se ha debido a la presencia y herencia de prácticas autoritarias y caudillistas que han debilitado el Estado de Derecho y vulnerado a las instituciones. Muñoz Machado sostiene que la democracia liberal –a la que él le presta atención– basada en la división de poderes, la representación política, las elecciones periódicas, las alternancias políticas y el respeto de las libertades, ha enfrentado desafíos para su expansión y estabilidad, mismos que se han agudizado por la desigualdad y la pobreza.

Las constituciones en la región han proclamado ideales siguiendo los principios ilustrados, pero no se corresponden con la práctica del gobierno. En los hechos, hay una distancia entre los principios formales y la realidad en donde el clientelismo, el uso patrimonial de los bienes públicos, el culto a la personalidad y la anulación del debate socavan la calidad de la democracia.

Una obra tan extensa y con un periodo de estudio tan amplio corre el riesgo de hacer generalizaciones o simplificaciones, a lo que hay que estar atentos como lectores. Sin embargo, es de reconocerse el arrojo por acometer una tarea de este tamaño.

El libro es una invitación a pensar la democracia desde múltiples dimensiones, no como un régimen únicamente, sino como un proyecto colectivo en tensión con estructuras sociales, económicas e históricas. Es un valioso aporte por articular un panorama amplio sobre los desafíos democráticos de la región.

Como recuerda la oración inicial del prólogo de la obra: «La democracia es una forma de gobierno muy complicada».

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