La Esquina Rota / Francisco Félix Durán

Balún Canán, en esencia sigue siendo igual

Si tuviera que describir Comitán, lo haría como lo hizo Rosario Castellanos en la novela Balún Canán: “El aire amanece limpio, recién pronunciado por la boca de Dios”. El título de esta obra significa “los nueve guardianes» o «nueve estrellas» en lengua tzeltal y es de lo que escribiré hoy.

Balún Canán nos cuenta la historia de la familia Argüello y de cómo la Reforma Agraria de Lazaro Cardenas, llevó a la ruina a los terratenientes chiapanecos y empoderó a los grupos indígenas, partiendo desde la educación obligada hasta la redistribución de tierras.

En ese contexto, dos de las tres partes de esta novela son narradas por una niña de la familia Argüello, su nombre nunca es mencionado porque refleja el lugar que las mujeres representaban en la sociedad de aquel entonces, todo lo contrario, al hermano menor de la pequeña quien metafóricamente representa el final de la dinastía.

Es así como nuestra protagonista con su mirada inocente nos narra y expone temas sobre racismo, género y clases sociales; además de poner en evidencia el poder que ejercía la iglesia y las prácticas esotéricas a las que todos temían; generando una obra de realismo mágico con tintes biográficos de la autora.

Lo anterior lo podemos leer cuando patrones e indígenas se llevaban bien, o mejor dicho cuando cada uno sabía su lugar según los Argüello. Ambas clases tenían preocupaciones similares, como que el Dzulúm, que significa “ansia de morir”, se llevará a las mujeres o que El Sombrerón dejará sobre la cabeza de los animales su señal de mal agüero.

Lo cierto es que todo cambió cuando uno de los indígenas en Tapachula leyó en lo que llama “el papel que habla”, que ellos son iguales a los blancos y que el presidente de la República decretó que el patrón tenía la obligación de darles educación. Situación que comunicó a sus compañeros e hicieron valer, solicitando la construcción de una escuela y un maestro para sus niños, iniciando así la debacle de los latifundios, contado en la segunda parte de este libro por un narrador omnisciente.

Finalmente, durante toda la obra podemos ver que la iglesia juega un papel relevante, beneficiando como siempre a los ricos e imponiéndose a través del miedo con los indígenas, hasta que estos últimos descubren que “Los blancos tienen así a su Dios, clavados de pies y manos para impedir que su cólera se desencadene”.

Si me lo preguntan, considero que esta es una obra obligada de la literatura mexicana, no solo nos muestra parte de la historia de la reforma agraria al sur de México y su cosmovisión, también nos enseña un Chiapas que en esencia sigue siendo el mismo, solo que ahora se presume y explota la imagen de los indígenas, pero ¿en realidad les llegó el progreso o las autoridades simulan cumplir igual que los Argüello en Balún Canán?

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *