Los incendios forestales han devastado bosques en Chiapas, afectando especies y ecosistemas, mientras autoridades mantienen alerta por las altas temperaturas
Aquínoticias Staff
El primer trimestre del año ha dejado una herida profunda en las Áreas Naturales Protegidas de Chiapas. Más de 2,488 hectáreas de bosques, selvas y manglares han sido consumidas por el fuego, según reportes oficiales. Aunque las autoridades aseguran que ya no hay incendios activos, la amenaza persiste debido a las altas temperaturas y la sequía que caracterizan a la temporada de estiaje.
Entre las zonas más golpeadas se encuentra la Reserva de la Biosfera La Frailescana, con 1,292 hectáreas devastadas, seguida de cerca por La Sepultura, donde las llamas arrasaron con 982 hectáreas. Otras áreas afectadas incluyen La Encrucijada (84 hectáreas) y el Santuario Playa Puerto Arista (27 hectáreas).
Pero el daño no se limita a las reservas federales. Las áreas estatales también han sufrido pérdidas irreparables: La Ciénega perdió 57 hectáreas, mientras que en La Concordia Zaragoza se quemaron 37 hectáreas. Cada hectárea consumida representa un golpe a la biodiversidad del estado, hogar de especies únicas y ecosistemas frágiles.
Las autoridades atribuyen esta ola de incendios a una combinación de factores: las altas temperaturas, la prolongada sequía y, en muchos casos, la actividad humana. Aunque no se han especificado las causas exactas de cada siniestro, la presencia de quemas agrícolas mal controladas y descuidos en actividades recreativas suelen ser detonantes recurrentes.
Brigadistas de la Secretaría de Protección Civil y la CONAFOR han trabajado sin descanso para contener las llamas, pero la magnitud de los incendios ha superado en varios momentos los esfuerzos de mitigación. Ahora, con la temporada de calor aún en curso, el monitoreo permanece activo para evitar nuevos brotes.
Mientras las autoridades refuerzan las estrategias de vigilancia, especialistas y organizaciones ambientales insisten en la urgencia de campañas de prevención y educación para reducir el riesgo de incendios. La pérdida de estas áreas no solo afecta a la flora y fauna, sino que también impacta en la calidad del aire, los ciclos hídricos y las comunidades que dependen de estos ecosistemas.
Con información de Diario del Sur