Obesidad en el Soconusco: cuando la economía empuja a comer lo que enferma

En el Soconusco, región agrícola por excelencia, la paradoja es evidente: donde se producen frutas tropicales, café y cacao, cada vez más familias enfrentan sobrepeso, diabetes e hipertensión asociadas a una alimentación basada en productos ultraprocesados y bebidas azucaradas

AquíNoticias Staff

Las cifras oficiales reflejan una tendencia que ya no puede considerarse marginal. En Chiapas, el 29.5 por ciento de la población en edad escolar presenta sobrepeso u obesidad, de acuerdo con la Secretaría de Salud. En adultos, la prevalencia de diabetes oscila entre 5.6 y 7.8 por ciento, mientras que la hipertensión alcanza aproximadamente 21.9 por ciento de la población. En regiones como el Soconusco, donde conviven pobreza laboral, empleo informal y altos costos de la canasta básica, la alimentación saludable no siempre es una opción accesible.

El problema no se limita al consumo elevado de refrescos —dos litros diarios en promedio por persona en Chiapas, según datos del Conacyt— sino a un patrón alimentario que privilegia lo barato, lo rápido y lo disponible. Sopas instantáneas, embutidos, galletas, snacks y bebidas azucaradas desplazan a la comida fresca no por preferencia cultural, sino por presión económica.

Doña Sandra, madre de familia en la zona media alta de Tapachula, lo resume con crudeza: con un ingreso mensual de cinco mil pesos, comprar frutas y verduras todos los días es inviable. “La comida es cara… es más fácil darle un paquete de galletas o una sopa instantánea que preparar una comida saludable”, dice. Su decisión no obedece a desconocimiento, sino a cálculo: lo ultraprocesado rinde más, dura más y exige menos tiempo de preparación.

La nutrióloga Erika Villegas Alor advierte que los productos procesados están diseñados para ser baratos y atractivos, pero no para nutrir. Contienen jarabe de alta fructosa, azúcares refinados y grasas de baja calidad que favorecen la obesidad, el hígado graso y la resistencia a la insulina desde edades tempranas. En consultas de endocrinología pediátrica en Chiapas, entre 51.82 y 85.7 por ciento de los pacientes presentan resistencia a la insulina, un dato que anticipa una generación con mayor riesgo metabólico.

El fenómeno también se explica por la disponibilidad. En algunas zonas del Soconusco, el refresco es más fácil de conseguir que agua potable segura. La publicidad de alimentos procesados dirigida a niñas y niños completa el circuito: el deseo se construye antes que el hábito saludable.

Doña Isabel reconoce que en su hogar el refresco acompaña incluso el desayuno. Sabe que no es lo más sano, pero argumenta que es “lo que más consumimos”. En las tienditas, Don Toño confirma la dinámica: vende lo que la gente puede pagar y lo que más se mueve. Intentó ofrecer frutas, pero no se venden al mismo ritmo que las bebidas gaseosas y las botanas.

La obesidad en el Soconusco no es solo un asunto de voluntad individual. Es el resultado de una economía que encarece lo fresco y abarata lo industrial. Cuando una manzana cuesta más que una bebida azucarada y un paquete de galletas alimenta a más personas por menos dinero que una ensalada, la decisión alimentaria se vuelve una decisión financiera.

La región que produce alimentos para el país enfrenta así una crisis silenciosa: la malnutrición por exceso. Lo que hoy se consume por necesidad económica se traduce mañana en gasto médico, pérdida de productividad y enfermedad crónica. El Soconusco, tierra fértil, enfrenta el reto de reconciliar producción agrícola con acceso real a una alimentación saludable para su propia población.

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