Qué más pue.. / Carlos Coutiño

Guerra por el petróleo

Ante los últimos sucesos en Oriente Medio, el tema se dice que no es justicia y menos paz, pero si el petróleo, luego entonces, hay que voltear a ver México, pues es una nación con potencial, lejos de ayudarla, lo jode, recordemos el caso Venezuela y como Estados Unidos se va apropiando estratégicamente de Cuba.

Se puede decir que es una verdad incómoda, pero verdad al fin, y es que el mercado energético mundial no depende únicamente de la oferta, sino de la estabilidad política, podemos decir que México es el mejor beneficiado con tantas bombas, pero quizás sea el que sigue en la mira de Trump.

La “Operación Furia Épica”, que inició Estados Unidos e Israel contra Irán, no solo desató misiles y explosiones; activó el nervio más sensible del planeta, que es el petróleo, falso que se esté acabando, por el contrario, es ahora uno de los más preciados del mundo.

De acuerdo a datos en medios de comunicación, Irán produce 3.5 millones de barriles diarios, pero el verdadero punto crítico es el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo mundial. Su bloqueo anunciado por autoridades iraníes, no es un gesto simbólico, sino un disparo directo al corazón de la economía global. 

Si el Brent escala a los 100 dólares, como advierten analistas, no se tratará solo de cifras en pantallas financieras: será inflación, presión fiscal y tensión social, pero eso se verá reflejado en el precio del crudo y también veremos como México, va diciendo adiós al regalo a Cuba o que pasará con nuestro oro negro.

Países altamente dependientes como Japón, Corea del Sur, China e India resentirán el golpe. También el comercio de gas natural desde Catar quedaría comprometido. En otras palabras, no hablamos de una guerra regional, sino de una sacudida sistémica.

Pero la crítica va más allá de los mercados. La ofensiva militar, presentada como acción estratégica, parece ignorar que cada misil tiene repercusiones económicas globales. La respuesta iraní, atacando bases estadounidenses en la región, amplía el conflicto y normaliza la escalada. El resultado es una peligrosa lógica de acción-reacción donde nadie retrocede.

Cuando hablamos de América Latina, ya no hablamos de Venezuela, ahora hablamos de México en particular, el encarecimiento del crudo puede representar ingresos extraordinarios para productores, pero también mayores costos en combustibles e insumos. La historia demuestra que las guerras energéticas rara vez generan estabilidad duradera.

Hoy, el petróleo vuelve a ser rehén de la geopolítica. Y mientras los líderes calculan ventajas tácticas, el mundo paga la factura, esas facturas se llaman vidas humanas, no como lo quieren mostrar que es Soberanía, ni independencia.

GOBERNADOR

El gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar comienza a delinear un sello propio, sin duda; visión estratégica con enfoque en conectividad, seguridad y desarrollo económico. En una entidad históricamente rezagada en infraestructura, apostar por nuevas carreteras y fortalecer la vía aérea no es un asunto menor, es una declaración de rumbo.

Chiapas, por su ubicación geográfica y riqueza natural, tiene un enorme potencial productivo y turístico. Sin embargo, durante años, la falta de comunicación terrestre eficiente limitó la movilidad de mercancías, encareció costos logísticos y frenó inversiones. Impulsar nuevas carreteras y modernizar las existentes no solo reduce tiempos de traslado; integra regiones, acerca comunidades y detona cadenas de valor en el campo, el comercio y la industria.

La conectividad aérea con Aereobalam, abre otra dimensión. Establecer y ampliar rutas hacia otras entidades fortalece el intercambio comercial, facilita la llegada de turismo nacional e internacional y posiciona a Chiapas como un destino competitivo. Cada vuelo que conecta al estado con centros económicos del país representa oportunidades para empresarios, prestadores de servicios y productores locales.

Pero toda estrategia de crecimiento requiere una base sólida: la certeza de seguridad y paz. Sin estabilidad no hay inversión, y sin confianza no hay desarrollo sostenido. 

En ese sentido, el mensaje institucional ha sido claro: garantizar condiciones de orden para que la economía avance. La seguridad no se entiende solo como presencia policial, sino como un entorno donde las familias y los emprendedores puedan proyectar su futuro con tranquilidad.

El gobierno actual muestra una visión integral: infraestructura para conectar, seguridad para consolidar y promoción para crecer. Chiapas necesita pensar en grande, romper inercias y asumir su papel estratégico en el sur-sureste del país. La apuesta por comunicar mejor al estado, por tierra y aire, no es solo una obra pública; es una plataforma de desarrollo que, bien ejecutada, puede marcar un antes y un después en la historia económica chiapaneca.

MARZO 1528

En marzo de 1528 se sembró una historia que hasta hoy define el rostro político y cultural de Chiapas. La fundación de Chiapa de Corzo y de San Cristóbal de las Casas, que marcó el inicio de una nueva etapa en la organización territorial de la entonces provincia, bajo el dominio español encabezado por Diego de Mazariegos. 

No fue solamente el trazo de calles y plazas; fue la imposición de un modelo político, económico y religioso que transformó para siempre a los pueblos originarios.

Chiapa de Corzo, fundada el 1 de marzo, se convirtió en punto estratégico por su cercanía al río Grijalva y su conexión comercial. Días después, el 31 de marzo, nació San Cristóbal, en el Valle de Jovel, como asiento de poderes civiles y religiosos. Desde ahí se consolidó una estructura de gobierno que centralizó decisiones y marcó jerarquías sociales profundas.

Hablar hoy de estas fundaciones no es un acto ceremonial, es un ejercicio de memoria crítica. Ambas ciudades representan la raíz de nuestras instituciones, pero también la herida de la conquista. En sus calles conviven la arquitectura colonial y la resistencia indígena; la tradición y la desigualdad histórica que aún pesa.

A casi cinco siglos, la pregunta no es solo qué celebramos, sino qué reflexionamos. La fundación de estas ciudades nos obliga a revisar el origen de nuestras estructuras políticas, la concentración del poder y la deuda social con los pueblos originarios.

Marzo no debería pasar como fecha protocolaria. Es momento de mirar el pasado con responsabilidad para construir un Chiapas más justo, incluyente y consciente de su historia.

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