Segundo de Jesús Suárez Coutiño; el guardián del brillo que no se apaga

Entre el aje, la chía y la paciencia heredada, Segundo Suárez Coutiño mantiene viva la laca tradicional frente al avance de las imitaciones industriales

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón

En Chiapas, donde la tradición no se presume: se trabaja, el nombre de Segundo de Jesús Suárez Coutiño se ha ganado un lugar a pulso. No por casualidad, sino por terquedad, disciplina y amor a un oficio que muchos admiran… pero pocos sostienen. Él no solo hace laca; la defiende.

Originario de Chiapa de Corzo, Segundo es de esos artesanos que entienden que el arte popular no vive en vitrinas, sino en las manos. Su historia comienza temprano, a los cinco años, cuando sus padres —con más visión que discurso— lo llevaron al entonces Centro Cultural Ex Convento de Santo Domingo. Ahí no hubo atajos: barro, dibujo, pintura, madera. Formación completa, de la que forja carácter y no solo habilidad.

Pero el giro decisivo llegó en el taller de la maestra Martha Vargas. Ahí encontró su camino en la laca tradicional, una técnica que no admite prisas ni improvisados. En un oficio donde históricamente predominan las mujeres, Segundo no llegó a imponer, llegó a aprender. Y aprendió bien. Del “aje” y el aceite de chía no solo entendió la técnica, sino el respeto por los procesos y por la naturaleza misma.

Hoy, desde el taller familiar Artesanía Los Gemelos, en el barrio de Santo Tomás, su trabajo habla por él. Pumpos, toles y baúles que no solo brillan, sino cuentan historias. Porque si algo distingue a Segundo, es que no copia: interpreta. Incluso ha integrado elementos de la flora del Cañón del Sumidero, logrando piezas que dialogan con su entorno.

Además, no se guarda el conocimiento. Como formador en la Casa Escuela de Tradiciones, enfrenta un enemigo silencioso pero constante: las imitaciones industriales. Es directo: el “sapolín” podrá ser rápido, pero jamás tendrá alma.

Su mensaje es claro, sin adornos: el orgullo por el oficio no se negocia. Y en cada pieza que sale de sus manos, queda una verdad sencilla pero poderosa: lo hecho a mano, bien hecho, sigue teniendo futuro. Aunque a algunos les incomode.

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