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Polígrafo Político / Darinel Zacarías

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¿De Villana a Salvadora?

¿No será un tal Judas, el qué te enseñó a besar? Joaquín Sabina

El retorno de Elba Esther Gordillo a la vida pública y política de México, es evidente. Su primera tarea es: Reivindicarse y todo indica, que ya trabaja en ello.
Siempre, desde su prisión domiciliaria en su Penthouse de Polanco sostenía ya, encerronas con sus más fieles colaboradores, desde donde se tejía el anuncio de su pronto retorno.
Viene por sus fueros, me queda muy claro. Reza el adagio “Más sabe el diablo por viejo que por diablo” y la “Maestra” como la motejan, si algo sabe hacer bien, es la operación política.
Su blanco es, volver a la cabeza del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Ya soltó a sus operadores políticos.
Cercó su territorio y no está lejos de conseguir nuevamente, se la lideresa del ejército más grande de Latinoamérica: El magisterio.
En su caminar, habría que seguir de cerca, a dos personajes que Gordillo encumbró en las mieles del poder y de la paga. El primero; Juan Díaz de la Torre, exsecretario general del SNTE; y Luis Castro, en el cordón umbilical del magisterio; el Partido Nueva Alianza.
Alidada del gobierno Obradorista, dicen. Busca reivindicarse y con ello, desde ahí, concertar con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador los cambios que requiere la Reforma Educativa, o bien lo que protestan los mentores, su revocación.
De Nueva Alianza ya se cortó el cordón umbilical, los dejó a su suerte, en el olvido. Los soterró.
Ya esbozó sus nuevas siglas partidistas: Redes Sociales Progresistas que también será hilo conductor y servilismo del Movimiento de Regeneración Nacional. Partido bisagra para el aparato gubernamental.
Eximida de todo cargo, ya reestructura a su tropa magisterial. Parece que su retorno es perentorio. Aquel 8 de agosto, tras cinco años de estar presa acusada de diversos delitos, Elba Esther Gordillo logró su libertad.
Fue dirigente sindical aliada de los gobiernos en los últimos 30 años. Lo que le permitió un poder político y económico ilimitado.
La encomienda era siempre el mismo en cada gobierno; controlar al magisterio nacional.
Su liberación fue cuestionable, por ser considerado, un hecho político que hasta la fecha, plantea varias interrogantes.
La debacle que vive hoy el magisterio mexicano y la orfandad en la que se mueve, son efectos irreversibles de una mala jefatura.
Disidencia y rebelión, aparición de otros grupos dentro del mismo magisterio, merman aquel imperio que una vez dirigió Elba Esther Gordillo.
Sin embargo hoy, aparece una nueva corriente política y magisterial. La tildan como “Elbismo” que amenaza con expandir su poderío a través de operadores magisteriales, una estructura electoral, que en mucho, ayudó a López Obrador.
No se trata de escudar el actuar de Elba Esther. Beatificar su actuar sería una locura.
Pero, hay que decirlo, Peña Nieto tuvo que encarcelarla para poder ejercer su Reforma Educativa laboral y punitiva.
Llegó la salvadora. El charrismo cobra fuerza y su retorno en los escenarios ya robó reflectores.
La encomienda es simple y sencilla, apoderarse otra vez el ejército magisterial y convertirse en la portavoz entre la disidencia y el gobierno actual.
Elba Esther será pieza clave en el nuevo modelo educativo obradorista y recuperar el SNTE, es la prioridad. Al tiempo.
¿Quién dijo que tengo sed?

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