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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Socialismo a la mexicana

Resulta una tarea difícil pretender sintetizar en unos cuantos párrafos el componente ideológico que ha sido el motor de la historia desde la revolución industrial, a la era de la globalización y la actual revolución tecnológica. Las tesis de Adam Smith y otros pensadores liberales, se siguen confrontando con los creyentes del Marxismo-Leninismo. La caída del muro de Berlín y el ensayo de Fukuyama preconizaron “el fin de la historia” pero resulta que no. Los líderes políticos de hoy las resucitan y suplantan las democracias con dictaduras populistas y regímenes autoritarios sin importarles realmente las asimetrías ideológicas entre izquierdas y derechas.

Rusia y China, los dos grandes países socialistas o comunistas -que para el caso es lo mismo- iniciaron en la década de los ochentas el desmantelamiento de sus economías estatistas a riesgo de sucumbir ante las masas empobrecidas y su ingrata supervivencia. Los modelos de Stalin y Mao, se impusieron a sangre y fuego ofreciendo un modelo económico igualitario pero imaginario que multiplicó la pobreza. El experimento marxista llevado a la práctica resultó un fracaso y millones perdieron la vida por oponerse a los ideales revolucionarios. Contra su pesar, a cambio de mantener el poder del _establishment_ evitando las revueltas sociales, aperturaron sus economías y al adaptarse a las nuevas condiciones de mercado permitieron el surgimiento de una floreciente clase media y elites millonarias. De manera notable en el caso de China. Triunfo el capitalismo controlado por el autoritarismo. Nada hay más alejado de las ideas liberales en cuanto qué el libre mercado es insuficiente sino existen otras libertades individuales como derechos intrínsecos e inalienables.

En China no existe el liberalismo propiamente hablando, sino un capitalismo regido por el estado que controla las masas y les permite algunas libertades siempre que estas no se releven ni se mimeticen con la influencia cultural occidental. A toda costa controlan los alcances del internet creando sus propias redes sociales como cercos contra las plataformas digitales a ciudadanos cautivos por la hegemonía del control social. Aplican el _laissez faire, laissez passer_ con su nueva clase alta a cambio de promover la expansión de sus mercados y la satisfacción de sus necesidades de consumo en una nueva sociedad más demandante de productos. Al tiempo que los productos chinos invaden el mercado mundial sus nuevas élites económicas se han vuelto demandantes de los placeres de la sociedad de consumo. China representa el 32 % del consumo global de productos de lujo.

En Europa el liberalismo se identifica con la izquierda y las ideas progresistas creando un estado de bienestar que socializa las oportunidades mediante el acceso a la salud, la educación, bienes de consumo y la tutela de los derechos laborales. El estado de derecho garantiza condiciones para la armonía social. Los conservadores de derechas apuestan por el nacionalismo identitario para restringir la influencia de países no occidentales que generan corrientes migratorias huyendo de países subdesarrollados lo cual les representa mayores gastos en materia de seguridad social a la vez que compiten por los empleos devaluando sus prestaciones. Es lo que ahora han dado en llamar la “crisis del neoliberalismo”. El modelo económico y social no alcanza para satisfacer la demanda residual de países que expulsan a sus ciudadanos buscando escapar de la miseria producto del fracaso en sus economías, la falta de democracia y sus regímenes autoritarios.

El rezago evolutivo deriva de la distorsión conceptual donde las economías de mercado no terminan de cuajar y encuentran refugio en la nostalgia del estado intervencionista que pretende regular el mercado e incidir en el control de empresas paraestatales en sectores claves para el desarrollo. Y el estado, ya lo sabemos, es un mal administrador de empresas. Sus costes de producción son más altos y no pueden competir con empresas que invierten sus ganancias en capital humano para desarrollarse. La automatización y la inteligencia artificial substituyen a pasos agigantados el empleo de mano de obra. Mientras las tasas de población decrecen en los países desarrollados, el llamado tercer mundo se multiplica a pasos agigantados generando la sobrepoblación de capas de sociales cada vez más empobrecidas.

Al incorporarse México en el tratado de comercio con sus vecinos del norte, el efecto secundario fue el crecimiento de la clase media. Al mismo tiempo se multiplicaron nuestros mercados con otros países agregando valor a los productos mexicanos incluyendo la generación de nuevos empleos. Tan solo nuestra industria automotriz genera 900 mil fuentes de trabajo. Ese sector que antes era irrelevante hoy genera más divisas que los ingresos petroleros. Más de 300 mil familias viven del cultivo y la exportación del aguacate que tiene un alto valor el mercado internacional. Somos el primer productor mundial de televisores de pantalla plana. En contraparte se rezagaron otros productos del campo por lo que ahora importamos maíz, soya, sorgo y hasta frijoles de los Estados Unidos. Nuestros ejidatarios reciben subsidios, pero no utilizan tecnología. Producimos dos toneladas de maíz por hectárea mientras los productores agrícolas norteamericanos producen veinte y de mejor calidad. Exportamos productos por sus características orgánicas. En los estados pobres seguimos cultivando con métodos tradicionales a falta de maquinaria, fertilizantes e insecticidas.

Los del sur, seguimos siendo los más pobres porque no se ha incentivado el desarrollo. No invertimos en infraestructura ni ofrecemos estímulos fiscales. No hemos diseñado una política de población que reduzca las tasas de crecimiento a promedios que reditúen en mejores condiciones de vida. Aquí la familia pequeña no vive mejor. Entre más hijos, más subsidios a la pobreza que a cambio se multiplica en una simple ecuación de costo beneficio para los políticos que nos han convertido en un granero de votos.

A eso apuesta el presidente. Por eso la reacción de los gobernadores del occidente y norte del país. Saben que su visión redistributiva de la riqueza no generará empleos sino más dependencia y ya no están dispuestos a seguirlo financiando. La crisis sanitaria ha puesto en jaque la economía. Las pequeñas y medianas empresas generadoras del 75% del empleo en nuestro país se encaminan a la depauperación. Es la versión mexicana del Socialismo del siglo XXI que inventó Hugo Chávez para enquistarse en el poder. Aquí los dirigentes de la izquierda morenista se desviven en elogios hacia esas dictaduras populistas. Promueven para México modelos fallidos como burdas mascaradas tras la mentira del bienestar igualitario.

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