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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

El tigre

Antes de partir al exilio Don Porfirio Díaz presentó su carta renuncia aduciendo con razón evitar un derramamiento de sangre en el país. Pulsó quizás que mantenerse en el poder lo obligaría a tomar represalias cuyas consecuencias no estaba ya dispuesto a asumir. “Madero ha soltado al tigre, a ver si puede controlarlo” dicen que dijo y la Revolución duró diez años más. La aspiración democrática de Madero y su oposición al reeleccionismo no fueron suficientes para apaciguar al país y en medio de las disputas por el poder terminó asesinado. No supo domar al Tigre. Lo que vino después fue una guerra de aniquilamientos entre los próceres revolucionarios que hoy comparten el mausoleo en el monumento a la revolución. Se mataron entre todos. Huerta a Madero. Luego les tocó a Zapata, Villa, Carranza, Obregón, hasta que Calles pacificó al país repartiendo el pastel.

Esta misma frase la repitió López Obrador en campaña, ante banqueros. “Si hay un fraude electoral, yo me voy a Palenque y el que suelte el tigre que lo amarre, ya no voy a estar deteniendo a la gente”. La semana pasada el columnista Jorge Zepeda Patterson, publicó en el periódico El País, un artículo particularmente severo con el presidente. Y esto porque se había caracterizado por apoyarlo argumentalmente hasta que ya no le fue posible. No es el primero de la lista. Ya son varios quienes han pintado su raya para tomar distancia. Sucedió con varios integrantes del gabinete. La del mismísimo secretario de hacienda, Carlos Urzúa, fue particularmente preocupante dada su responsabilidad al frente de las finanzas públicas y la política económica. De igual manera con la senadora Lilly Téllez que, vilipendiada por la fanaticada morenista, decidió dejar la bancada en el senado. Claro que ya como ángel caído la menospreciaron y restaron importancia.

Con Muñoz Ledo se toparon de frente. Los puso en lugar. No quiere cargar con sambenitos su imagen de hombre de estado por un poder efímero como el que obliga a otros a postrarse frente al poder omnímodo del presidente. Saben que su dedo flamígero también es el dedo elector. Mario Delgado quiere ser gobernador de Colima, Tatiana Clouthier de Nuevo León, Zoe mínimo suceder a Rutilio, Batres a Sheinbaum. La idea es perpetuarse más allá del sexenio colgados del obradorismo y la lista de aspirantes es larga. Es otra vez el ritual del viejo PRI presidencialista y autoritario. Abdicar a los principios. Defender al poder con más ahínco que cuando lo criticaron, es la tarea.

Poco tardó en revirar sobre su propia postura Zepeda Patterson. Volvió a escribir ahora en www.sinembargo.mx “En efecto, yo voté por López Obrador y volvería a hacerlo si las opciones que me ofrecen son Ricardo Anaya del PAN o José Antonio Meade del PRI”. Representan más de lo mismo, dice y luego afirma que sigue “creyendo que el México de los desamparados ya no estaba en condiciones de soportar un sexenio más de marginación y desprecio. Estoy convencido de que el país estaría en peores circunstancias si no existiera un personaje como López Obrador, capaz de encausar política y democráticamente la exasperación de tantos… La derecha no parece darse cuenta de que el verdadero peligro para ellos no es AMLO sino la fuerza que lo llevó a Palacio Nacional”.

Bajo esa lógica Amlo aparece como el catalizador del descontento social. Gracias a él, el país no ha ardido y las masas oprimidas encuentran en el reparto de mendrugos de la rota piñata presupuestal, un acto justiciero pero que no los va a sacar de pobres. Aplauden la no rifa del avión, la austeridad y la reducción de sueldos. Salen con la patraña del “Instituto para devolverle al pueblo lo robado” y todos aclaman. Linchan públicamente al 1% de los millonarios que acaparan toda la riqueza del país. Saben que eso le gusta al pueblo encarnado en su redentor. Por debajo de la mesa los mismos oligarcas siguen siendo los beneficiarios del dispendio gubernamental.

Al leer eso recordé al famoso Tigre. El mismo que desde “las montañas del sureste mexicano” levantó la voz el primero de enero del 1994. Dijeron que el país ya no aguantaba más. Hoy el EZLN es una pequeña falange ignorada por el poder. Reducida a la utopía de unos cuantos Caracoles donde se ejerce el autogobierno. ¿Entonces eso de El Tigre es una falacia? Pues no, pero lo mantienen dopado. Lo sueltan de vez en cuando como en los circos romanos para que la plebe disfrute como cuando devoraban a los cristianos. Al domador se le acabó la carnada y ahora los tigres se están multiplicando. La receta para acabar con la pobreza salió contraproducente. Ahora son más y no habrá dinero para saciar el hambre. Los mismos que lo llevaron al poder devorarán al domador. Ya luego contratarán a otro…

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