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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Presidencia arcaica

No para uno de sorprenderse. El presidente hace, sin proponérselo, un esfuerzo denodado por superar sus propios tropiezos ¿En que momento lo perdimos? A veces quisiera hablar de otros temas, pero resulta imposible sustraerse. Al decidir de tajo reducir el 75% al presupuesto de todas sus dependencias se infringe un autogol que le restará capacidad operativa a su propio gobierno. Con ese prejuicio obcecado en contra de la tecnocracia, improvisó en designar a miembros de su gabinete. Los más sin la menor experiencia en la administración pública y las consecuencias están a la vista.

A la Secretaria de Economía del gobierno federal se le ocurrió recortar el uso de computadoras. Es inconcebible a menos que estuvieran de adorno. Ese desprecio por la tecnología tiene que ver con el vetusto perfil de la mayoría de sus funcionarios. Por eso puso a un agrónomo al frente de Pemex. Por eso no hay Secretario de Salud sino un subsecretario en funciones. Por eso procedieron los amparos de las empresas que generan energía eólica. México no es un rancho ni los funcionarios deberían actuar como capataces.

Lo peor de todo es que nuestra máxima autoridad es hoy objeto cotidiano de sorna. Su comportamiento es recurrente. Se parece a las viejas monarquías donde la conducta errática tenía que ser aceptada con resignación por los súbditos. La historia da cuenta de ello. Por eso las grandes intrigas se desarrollaban en la corte con personajes que conspiraban y utilizaban a su antojo las fobias y filias del reinado en turno. Ensimismado en su poder absolutista el presidente toma decisiones sin medir las consecuencias. Buscando liquidar a Jesús, Herodes ordenó matar a todos los niños de Belén de dos años para abajo.

Obsesionado por la corrupción el presidente canceló el NAIM y para dar satisfacción al “pueblo bueno y sabio” canceló también la obra de Constellation Brands en Mexicali. Para resolver el problema del desabasto de gasolinas, no por el huachicol, sino como consecuencia de la imprevisión de sus funcionarios, mandó comprar 612 pipas para Pemex con un costo de 75 millones de dólares. Pipas que ahora no se utilizan ya que el uso de gasoductos es mucho menos costoso. Para dejar de usar el ostentoso Avión Presidencial, el gobierno pagó 60 mil dólares mensuales —alrededor de un millón 150 mil pesos— a la empresa Boeing por un espacio al aire libre en un aeropuerto cementerio de California. La lista de sus ocurrentes y absurdos gastos es larga.

Por increíble que parezca no hay dinero para comprar medicinas para los niños con cáncer desde que inició su gobierno. Se cerraron las estancias infantiles. También se recortó el gasto para los albergues de mujeres víctimas de la violencia. Se ha dejado sin aguinaldo a los mandos medios y superiores de la administración pública federal y se terminaron rematando a precio de baratija aviones y vehículos para “devolverle al pueblo lo robado”.
Lo del Tsuru y luego el Jetta fue parte de la campaña para sorprender ilusos. En su primer año el gobierno federal gastó tres veces más recursos para la renta de automóviles que la administración anterior. La contratación pasó de mil 932 millones de pesos en 2018 a 6 mil 443 millones de pesos en 2019. Una sola empresa Jet Van Car Rental resultó ser la más beneficiada al sumar una centena de contratos por 3 mil 150 millones de pesos. Un arrendamiento financiero hubiera resultado a la larga menos oneroso para el gasto público.

Contrario a lo que se pudiera pensar, las dependencias gubernamentales tienen equipos obsoletos de computo. Lo deseable en vez de retirarlas hubiese sido sustituirlas por equipos más modernos para hacer más eficaz a la administración y servicios que presta. Con el problema del coronavirus, las conferencias y reuniones se realizan a distancia gracias a la tecnología, pero ya eso no importa. A pregunta expresa de una reportera, el presidente ha respondido que los que lucharon por la libertad y la democracia no necesitaron de computadoras. Que eso no es pretexto para luchar por susodicha transformación y por lo visto tiene razón. Pasamos en un tris de ser un país en vías de desarrollo a uno del tercer mundo. El triunfo de la izquierda más rancia es un rotundo fracaso…

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