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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Escuelas particulares frente al COVID-19

De acuerdo al presidente de la ANEP (Asociación Nacional de Escuelas Particulares), Alfredo Villar Jiménez, las escuelas particulares no pudieron tomar decisiones definitivas respecto a sus ciclos escolares por las imprecisiones y ocurrencias que hubo por parte del sector educativo nacional. Y también por el subsecretario de salud López Gatell, diciendo que las clases iniciarían en abril, luego en mayo y hasta ahora que se van iniciar las clases el día 24 de agosto. Choca esto con la crisis económica donde los padres de familia pierden su trabajo, pierden su negocio y .no tienen para pagar. De ahí viene una deserción que pone en riesgo a la supervivencia de escuelas particulares. Se agravó más la situación cuando se anunció que las clases se iban a dar ahora por televisión y radio. Si los padres emigran a la educación oficial, los salones se podrían saturar hasta con 100 alumnos y entonces ¿qué va suceder cuando regresen a clases?

Lo cierto es que las escuelas particulares están usando los softwares digitales para estar en contacto directamente con todos sus estudiantes. De hecho, estas medidas se tomaron previo al inicio de la pandemia, por lo que las escuelas ya están preparadas para dar las clases así. Por otro lado, está el problema para el sector educativo oficial de que 15 millones de personas supuestamente no tienen televisión. Hay familias que tienen varios hijos y solo tienen una ¿cuál es entonces el que va estar tomando clases?

Se calcula que 4 de cada 10 escuelas podría cerrar. El presidente dijo ya que vería la forma de apoyar. Y no se trata tanto de las escuelas como de los padres de familia. Duró nada la intención. Ya volvió a decir que ahí vean como le hacen. Para dimensionar el problema se está hablando también de alrededor de 400 mil maestros que podría quedar sin empleo. Se trata de una más de las secuelas de los graves problemas económicos que enfrentan las familias mexicanas. Los padres de familia saben bien que con procesos bien instrumentados sus hijos se adaptaran y no se afectará su formación. Es la hora de ver calidad y precios. Hay escuelas caras y no son necesariamente las mejores.

Lamentablemente el gobierno federal ha preferido gastar el dinero en sus megaproyectos y programas asistenciales sin calcular las implicaciones que se tendrán en la educación. Sigue sin pensar y ofrecer esquemas crediticios de fácil acceso y con tasas bajas de interés lo cual podría ser una alternativa mientras se supera la crisis sanitaria y se reactiva la economía. Los padres de familia lo saben y lo tienen muy claro. Perdón que lo diga, pero salvo casos excepcionales, la educación privada es mejor que la pública en nuestro país. Más en estados como Chiapas donde el magisterio se la pasa en marchas y plantones todos los años suspendiendo clases a lo cual ya se han acostumbrado los niños.

De 98 mil millones del presupuesto de egresos en Chiapas, 33 mil se invierten en el sector educativo. 1 de cada 3 pesos. Pero no hay una relación costo beneficio. Nuestras evaluaciones en educación dejan mucho que desear. Hay que agregar que también hay muchas escuelas privadas patito de las que egresan jóvenes con una muy precaria formación académica. Por eso las posibilidades de empleo se reducen al sector gubernamental, mientras que, en el sector privado, importan más las aptitudes y habilidades que los certificados escolares y los títulos universitarios. Los pocos que logran superarse por méritos propios y oportunidades de estudio, terminan emigrando del estado en busca de mejores oportunidades de empleo y desarrollo profesional. Se fugan los cerebros. Con esas condiciones no se puede pensar en el desarrollo del estado. Estamos, perdón que lo diga, predestinados a la mediocridad. Por ende, a la precariedad social.

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