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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Un reto cañón

Por ahí salieron a decir que los problemas del Cañón del Sumidero van mucho más allá de la basura acumulada durante la época de lluvias que provocan tan mal aspecto a los turistas que nos visitan. Los enumero: 1.- Invasiones para asentamientos humanos. 2.- Cacería furtiva. 3.- Tala, deforestación agresiva y/o saqueo de flora. 4.- Incendios forestales provocados por humanos. 5.- Descargas de aguas negras o residuales. 6.- Arrastres de basura inorgánica. 7.- Azolvamiento por arrastre de sedimentos producto de la erosión de la tierra. 8.- Actividad minera y/o explotación de material pétreo en sus alrededores. 9.- Pesca Ilegal en Zonas No Permitidas. 10.- Deslaves o derrumbes de material pétreo por ser una falla tectónica. Y tienen razón.

La gran pregunta es ¿qué están haciendo las autoridades en los distintos órdenes de gobierno? Porque si le seguimos, nos encontraremos con problemas graves de contaminación en el Rio Fogótico y Amarillo en San Cristóbal de las Casas. La extracción excesiva de grava y material pétreo en sus montañas que se comercializa sin considerar la devastación. El crecimiento desordenado de la mancha urbana y las reservas naturales. La tala inmoderada e ilegal para el consumo de leña, su comercialización como material de construcción. No hay en esa antigua ciudad cercana a cumplir 500 años de su fundación, un relleno sanitario.

Si nos vamos rumbo a Comitán veremos desde Teopisca la venta también ilegal de madera. Los camiones transportando grandes cantidades de troncos. El huachicol por doquier, la venta de carbón. Y que decir de la grave contaminación en los lagos de Montebello causada por el uso de fertilizantes y sedimentos arrastrados por las aguas residuales de los municipios circundantes. En la carretera a las Choapas venden enormes loros cabeza amarilla a la vista de quienes transitan la zona. Las policías federales están de adorno y ahora ni eso.

He tenido la oportunidad de sobrevolar la zona montañosa de los altos de Chiapas y la reserva de la biosfera Montes Azules. El espectáculo es deprimente, desolador. Con áreas desérticas como parches en medio del follaje exuberante. La depredación de nuestros bosques y selvas no tiene límites. No hay certidumbre legal en la posesión de la tierra. Crece en la misma medida que nuestra población sin políticas de control natal y por el contrario se multiplican para ser beneficiarios y dependientes de los programas sociales. Por eso ejercemos casi 100 mil millones de pesos y otros tantos más en partidas federales convertidos en un barril sin fondo. A cambio van nuestros votos al mejor postor en cada elección presidencial.

La erosión da cuenta de las laderas montañosas donde se siembra maíz con cosechas insignificantes para el autoconsumo hasta que aparecen en dos o tres años las piedras. Se observa en todos los tramos carreteros. Las comunidades de menos de 100 habitantes se multiplican a lo largo y ancho de la geografía chiapaneca con familias que sobreviven con la economía de traspatio. Los servicios del gobierno son imposibles de facilitar entre tanta dispersión. No hay dinero que alcance para electrificar, introducir drenajes o construir caminos, escuelas o clínicas.

Es una película de terror como cuando el destino nos alcance. Todo ello ante la indiferencia de los gobiernos en turno depredadores también, pero de la hacienda pública. No hay un solo plan de gobierno que se proponga revertir toda esa decadencia. Las dependencias existen, pero son meras burocracias calentando las sillas y los sillones ejecutivos. Gobiernos van y gobiernos vienen. Nunca alcanza el dinero. Las cosas siguen igual…

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