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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

El viraje insospechado de la 4T

Parece que la salida de Julio Scherer se debe a un asunto mayor más de allá de su desacuerdo por ser despojado de las facultades que de facto ejercía tras bambalinas desde la consejería jurídica en la presidencia de la república. El trasfondo podría ser un fuerte disenso respecto de un viraje en la estrategia de Amlo para conservar el monopolio del poder. De ahí su coquetería con el PRI, partido al que después de perder la mayoría en la cámara de diputados, Amlo hizo un guiño para tejer una alianza que le permita avanzar en su agenda legislativa.

Contrario a eso, el PRI, en voz de su dirigente Alejandro Moreno se supone jugaría un papel de oposición frontal como parte del bloque de contención junto el PAN, el PRD y en coincidencia Movimiento Ciudadano. Por lo menos en ese sentido esgrimió su arenga el día en que la nueva legislatura tomó posesión, aunque al parecer poco les duró ese arranque.

Las señales son significativas: El alineamiento total de gobernadores como Del Mazo o Murat, la reciente invitación que el presidente hizo al gobernador saliente de Sinaloa, el verde-priísta Quirino Ordaz como embajador en España y la más reciente votación en la Cámara de Diputados, donde Morena contó con el apoyo de prácticamente toda la bancada del PRI, para aprobar con 338 votos a favor de la nueva Ley Orgánica de la Armada de México.

Sí, aliados con el otrora odiado PRI que a cambio de una tajada del pastel estaría dispuesto a cerrar filas con Amlo. Puede ser. Si hacemos un poco de historia la salida de Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo para formar la corriente democrática del PRI se da en la década de los 80s. Al poco tiempo otros como López Obrador se sumaron al movimiento. Los une su desencuentro y el asalto de los tecnócratas al poder, esos mismos a los que Amlo acusa de imponer el modelo neoliberal desde Salinas hasta Peña Nieto.

De acuerdo a su formación, en las tropas del viejo PRI no caben los advenedizos, esos juniors del poder formados en las universidades del extranjero. Es evidente en sus diarias diatribas contra el conservadurismo del que provienen las élites económicas y opresoras son los enemigos declaradas del pueblo. Es otra vez la rebelión de castas de la independencia a la Reforma, del Porfirismo al neoliberalismo. De ahí que no le desagrada pactar con quienes comparten el mismo ADN. No se juzga la crisis que vino con Echeverría y López Portillo. No lo hizo con Peña para llegar sin obstáculos a la presidencia de la república. No hubo empacho en sumar a Bartlett, Manuel Espino, German Martínez o Muñoz Ledo al que usaron como toalla desechable. Ni tampoco al PES un partido confesional o el partido Verde. Todo lo que sume en el más puro pragmatismo.

Se trata pues, de perpetuar su modelo de nación. De heredar el poder a quienes garanticen su legado para inscribirlo en los libros de historia. Y en ese propósito no hay medías tintas, ni romanticismos nostálgicos de una izquierda a la que uso de pasaporte. Al fin que Morena -con sus excepciones- no ha dejado de ser un mazacote invadido por lisonjeros que riñen a la primera por posiciones de poder. Por eso no es descabellada una velada asimilación con el PRI que con esta jugada podría fortalecerse o en una de esas fusionarse al partido en el poder… Divide et impera.

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