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Ámbar Luna, la bailarina que busca conectar el cuerpo y las emociones
Ámbar Luna Quintanar. Foto: Cortesía.

Ámbar Luna, la bailarina que busca conectar el cuerpo y las emociones

Es egresada del Centro Nacional de Danza Contemporánea,  y se dedica a dar clases, la investigación y la coreografía

Sandra de los Santos / Aquínoticias

El cuerpo no es solo un soporte que sirve para cargar la cabeza, por medio de él se vive, también se piensa y se expresan emociones dice Ámbar Luna Quintanar de 32 años, quien es bailarina profesional.

Aunque es una alma nómada, la artista asegura que si es de algún lugar ese sitio es Tuxtla Gutiérrez en Chiapas, acá pasó toda su infancia y siempre es el espacio a donde volver. Se fue a los 16 años para ingresar al Centro Nacional de Danza Contemporánea en Querétaro y allá se quedó hasta terminar la licenciatura.

Ámbar mostró inquietud por la danza desde pequeña, empezó bailando folklórico, pero llegó el momento en que se cansó que le dijeran qué hacer, de la repetición de los movimientos, hasta que se encontró con  las clases de la artista Zaira Lobato, quien le enseñó que hay un mundo de posibilidades dentro de la danza, por ello es que decidió estudiar de manera profesional la carrera.

La bailarina y coreógrafa es muy crítica de la formación académica de su profesión, considera que las escuelas  ejercen un control fuerte sobre los cuerpos de las y los estudiantes, se preocupan mucho por la delgadez, las condiciones físicas y la flexibilidad, y dejan de lado otros temas que son muy importantes.

Para la bailarina es importante trabajar en el espacio público. Foto: Cortesía.

Al principio, Ámbar se resistía a dar clases porque su intención era dedicarse de lleno a la coreografía, después la vida la llevó a la docencia y descubrió que disfruta mucho ser el puente entre la danza y las personas que no tienen ninguna formación en esta disciplina artística, el lograr que conecten con su cuerpo.

Las clases, que ofrece la artista, van desde ritmos latinos, expresión corporal, improvisación, estiramiento, acondicionamiento, y más recientemente reggaetón.

Contrario a lo que sucede con muchas personas dedicadas de manera profesional a la danza o las artes, Ámbar no tiene ningún prejuicio sobre este ritmo latino. Le molesta lo mismo que le incómoda a muchas personas, y es que la letra de algunas canciones de este género son misóginas y/o violentas; pero el ritmo es otra cosa, exige movimiento, conecta con la gente y eso es lo que ella aprovecha.

Ámbar Luna Quintanar se asume feminista y ejerce su oficio desde esa visión. Ha trabajado el tema de la corporalidad y las mujeres, cómo ellas ocupan el espacio público y conectan con su cuerpo.

“En el 2018 tenía ganas de caminar por las calles de noche, y es difícil hacerlo cuando hay tanta violencia en nuestra contra, por el acoso callejero, las agresiones así que empecé a trabajar con un proyecto de caminatas con mujeres, recorrer el espacio público, apropiárnoslo, hacer evidente las estrategias que implementamos para salir a la calle” comenta la artista.

En Tuxtla trabajó con un proyecto de caminatas nocturnas de mujeres.

En sus clases de danza las que más participan son mujeres, aunque no son exclusivas para ellas. Ámbar Luna con quien busca trabajar son con personas que no tienen una formación profesional en danza y que buscan conocer más su cuerpo, explorarlo, unirlo con todo su ser.

“Tan solo que le dediquemos una hora a nuestro cuerpo por medio de la danza, desconectarnos de todo y solo pensar en cómo nos movemos, buscar una postura, reconocer cada parte que tenemos, moverla, hacerla parte nuestra es importante” opina la bailarina. El baile, dice, permite acceder a los cuidados del cuerpo.

Ámbar está convencida que cualquier persona puede bailar y que además quiere hacerlo, pero muchas veces los prejuicios que tienen son los que no le permiten animarse.

Por medio de la danza también puede haber una apropiación del espacio público. Foto: cortesía.

“Nuestra danza y nuestro cuerpo tienen siglos de colonización encima, por un lado desvinculamos el pensamiento y la emoción del cuerpo, y él tiene su propio universo de saberes. Cuando alguien dice que tal persona sabe o no sabe bailar lo único que está diciendo es que responde a un código en específico, no hay quien no pueda bailar. La danza es un espacio para conectar, independientemente de qué técnica o ritmo se siga, cuando bailamos lo que ponemos como prioridad es nuestro cuerpo, abrimos un espacio solo para él, todo lo demás lo dejamos en pausa, nos desconectamos”.

Cuando empezó a explorar con el reggaetón fue precisamente porque buscaba alejarse de las narrativas contemporáneas de la danza occidental, quería ver qué estaba sucediendo en el espacio que habita, qué sucede en Lationamérica y descubrió que este ritmo cargado de tanto prejuicio, es muy liberador en diferentes sentidos.

Ámbar se autodefine como bailarina, coreógrafa e investigadora de la danza, pero su trabajo va más allá de eso, es alguien que logra que las personas conecten consu  propio cuerpo. Logra que las y los demás unan todos sus sentires. Ella es una mujer puente.

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