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“Anatomía de un escándalo”: la construcción del violador

“Anatomía de un escándalo”: la construcción del violador

Anatomía de un escándalo (2022), serie de Netflix basada en la novela homónima de Sarah Vaughan evidencia la criminalización de la que puede ser víctima una mujer cuando no grita “¡No!” lo suficientemente fuerte según los oídos del patriarcado

Berenice Chavarria Tenorio / Cimac Noticias 

“¡Porque no, que te dije que no! ¡Mi cuerpo es mío, yo decido, tengo autonomía, yo soy mía!”, enuncia una famosa consigna feminista que claman miles de mujeres en todo el país. El trasfondo es un concepto crucial al hablar de libertades, límites y respeto: el consentimiento.

Este término ha sido motivo de discusión desde diversos ámbitos, pero lo cierto es que en la base, no hay matices:  es “sí” o es “no”, porque el sexo sin consentimiento es violación.

“Los dos bebimos mucho”, “ella se me insinuó”, “es mi esposa”, “no dijo que no”, “antes habíamos tenido otros encuentros sexuales”, “pero está enamorada de mí”, son algunas frases que permean en la cultura de la violación, porque sí: los esposos, novios, parejas o “ligues” también pueden agredir y abusar sexualmente.

Así lo retrata Anatomía de un escándalo (2022), serie de Netflix basada en la novela homónima de Sarah Vaughan, que evidencia la criminalización de la que puede ser víctima una mujer cuando no grita “¡No!” lo suficientemente fuerte según los oídos del patriarcado.

La historia se desarrolla en Reino Unido, donde Olivia Lytton trabaja como asistente legal e investigadora en el equipo del ministro James Whitehouse en la Cámara de los Comunes. El político es un hombre de familia acomodada, privilegiado desde su niñez y educado para tomar lo que desea (incluidos los cuerpos de las mujeres). La asistente se enamora de él y durante cinco meses sostienen relaciones sexuales consensuadas; sin embargo, todo cambia el día en que el ministro abusa de ella al interior de un ascensor.

La secuencia se desarrolla así: ambos suben al elevador, se ríen y juguetean, luego se besan. De un momento a otro, James Whitehouse comienza a ser agresivo e insistente, al punto en que Olivia Lytton expresa: “Aquí no”. Él la ignora, ella se queda inmóvil por el terror que le provoca la situación y James la viola.

Para el agresor, la situación fue solo “otro encuentro íntimo”; para Olivia, representó un ataque a su dignidad y libertad.

Video: YouTube, Netflix Latinoamérica

Meses después del delito, la investigadora legal denuncia al ministro y el caso llega a la Corte Suprema del Reino Unido. “Son cosas de hombres”, “fue un acto pasional”, afirma la defensa de James Whitehouse al respecto. En el proceso se vislumbran el machismo y la misoginia que ha interiorizado el político desde hace años, al hacer visible que desconoce (o ignora deliberadamente) el significado y la importancia de palabras como “límites” y “consenso”.

La abogada de la Corona, Kate Woodcroft, tiene el objetivo de demostrar que la víctima no consintió el acto, además de evidenciar que entre ambos existía una relación de poder desigual como jefe y empleada.

A pesar de una serie de alegatos y pruebas que exponen a James Whitehouse como un hombre violento, es declarado inocente por el jurado. La decisión desata una fuerte indignación en la abogada Kate Woodcroft, pues además de su compromiso profesional, su decisión de tomar el caso fue motivada ya que conoció personalmente al agresor durante su paso por la universidad.

En un giro, la serie revela que la defensora también fue agredida sexualmente por el político cuando ambos eran estudiantes. Pero incluso con su historial develado como abusador, el ministro no recibe ninguna sanción por los delitos.

¿Cuántas “Olivia Lytton” hay en el mundo?

La organización Planned Parenthood señala que el consentimiento “es un acuerdo para participar en una actividad sexual”, por lo que en cualquier momento del acto es importante saber que ambas personas lo desean y están seguras de realizarlo.

Las consecuencias por no respetar el consentimiento provocan que las víctimas se culpabilicen y decidan no denunciar la violación. Así, los agresores quedan impunes y continúan perpetrando diferentes tipos de abuso sexual en contra de otras mujeres.

“La violación puede ocurrir en todo tipo de circunstancias. La única forma de saber que no es violación es si las dos partes han consentido libremente a los actos sexuales. Cómo vistes, comportamientos anteriores o el matrimonio no constituyen consentimiento”, destaca la organización Amnistía Internacional (AI).

CIMACFoto: César Martínez López

Por ello, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres señala que el consentimiento debe ser:

Libre: guardar silencio o no decir explícitamente “no” no es equivalente a consentir. Una persona con discapacidad o alguien que se encuentra bajo las influencias del alcohol no puede dar su consentimiento.

Informado: solo se puede consentir completamente si se conocen todos los hechos; por ejemplo, si una persona dice que va a utilizar protección durante la relación sexual, pero no lo hace, no hay sexo consensuado.

Concreto: aceptar un beso no significa consentir otro tipo de acercamientos, por ello es importante detenerse y preguntar.

Reversible: puede interrumpirse en cualquier momento del encuentro.

Entusiasta: se busca que el consentimiento sea expresado activamente a través de un “sí”.

Aun con los avances en materia de derechos sexuales y reproductivos para las mujeres, la inseguridad prevalece. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física y/o sexual a manos de su pareja o alguien más.

En el caso mexicano, tan solo en lo que va del 2022 se han registrado 5 mil 315 violaciones, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Este panorama revela que en México y el mundo permea la cultura de la violación, mientras el consentimiento es ignorado y vulnerado por los agresores.

El abuso sexual puede suceder dentro del espacio que llamamos hogar, con nuestra pareja, con la persona que queremos; puede ocurrir aunque antes hayamos dicho “sí”, y no deja de constituir un delito. Los gritos de auxilio pueden mantenerse guardados, pero las secuelas emocionales y psicológicas que deja una agresión son tangibles y dolorosas, por eso es necesario recordar que el consentimiento existe y es solo nuestro, en cualquier momento.

¡Porque no, que te dije que no!

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