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Bitácora Correcaminos

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Cruzar la Selva

Por: Javier Baltsé

Hace unos días circuló en redes la historia de Tawy Zoé, un joven habitante de la Selva del Amazonas que caminó por más de seis horas cruzando arroyos y caminos sinuosos cargando en su espalda a su padre para llevarlo al centro de la vacunación contra COVID-19. Su objetivo: que su papá recibiera la primera dosis del biológico que en caso de contagio pudiera salvarle la vida. Tawy logró su propósito y volvió a casa tras cruzar de nueva cuenta la selva. Sin duda un acto de amor digno de contarse, pero que nunca hubiera ocurrido en Chiapas.
Aunque todo mundo aplaudió la imagen captada por el neurocirujano y experto en salud indígena, Erik Jennings, quizá nadie se preguntó: ¿acaso el Estado brasileño no debía haber garantizado el acceso a la vacunación en todas las localidades que lo requirieran?, ¿acaso no habría que llegar primero a lo más lejano, a donde nunca se llega?, ¿acaso no es importante vacunar contra COVID-19 en los lugares con menos acceso a servicios de salud?
Insisto: en Chiapas la imagen del joven cargando a su padre por horas para conseguir su vacuna nunca se vería porque se ha desplegado una intensa cobertura de vacunación que tiene muchas estrategias para atender a una población tan diversa y tan dispersa:

1. Con macrocentros de vacunación se ha atendido a las grandes ciudades, pero incluso ahí, se ha acudido a las colonias populares para informar y acercar la vacuna.
2. Vacunación en Unidades médicas y hospitales para buscar cobertura a poblaciones vulnerables, identificadas con alguna comorbilidad o para que el médico tratante dé certeza y seguridad de que la vacuna es segura.
3. Vacunación itinerante por localidades establecidas en puntos estratégicos: casas ejidales, canchas deportivas, mercados, plazas públicas.
4. Brigadas de vacunación casa por casa en cabeceras municipales y posteriormente en localidades de menos de 1000 habitantes.
5. Jornadas de vacunación programadas para inocular a personas que por enfermedad o discapacidad se encuentran postradas en cama.
6. Vacunación en sedes de pago de los programas de apoyo a adultos mayores y en los lugares donde se entregan las becas a jóvenes estudiantes. En cualquier caso se ha tratado de acercar la vacuna a todas y todos.
7. Se ha ido a los Ceresos y reclusorios, a los albergues para personas desplazadas, a iglesias y centros de rehabilitación por adicciones. A nadie se le ha negado su derecho a la salud

Gracias a estas acciones, y al trabajo coordinado por el Instituto Mexicano del Seguro Social y su Director Zoé Robledo, hoy Chiapas ha llegado al 69 % de avance en la vacunación y se tienen grandes imágenes e historias de brigadistas y vacunadores cruzando ríos en lancha, varios kilómetros caminando, transitando carreteras o volando en aeronaves de protección civil para llegar a los lugares más lejanos o de difícil acceso. Incluso se ha llegado a zonas que viven conflictos sociales pero que han hecho una pausa en sus diferencias para recibir la vacuna que salva vidas.

Por ejemplo, Don Asunción de 79 años y Doña Martha de 75, una pareja que vive en el Divisadero, localidad de Berriozabal, Chiapas, lugar donde se producen naranjas pero sólo se llega después de transitar casi dos horas por carretera desde la capital chiapaneca y 30 minutos caminando por veredas. Viven solos. Él está en silla de ruedas, Martha es quien se encarga de cuidarlo. Por su condición era imposible pensar que pudieran acudir a un centro de vacunación urbano pero llegó la brigada especial y quedó grabada una imagen de ellos sonriendo mientras eran vacunados. Con las múltiples estrategias de vacunación en Chiapas, a donde se llegaba al último hoy se llega a tiempo.
Pero estas historias, se las iremos contando, cada semana, en este espacio, en la Bitácora correcaminos.

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