Inicio » Colores » Caminar las calles y recuperar la memoria que guarda el cuerpo
Caminar las calles y recuperar la memoria que guarda el cuerpo

Caminar las calles y recuperar la memoria que guarda el cuerpo

Impronta es un proyecto de la artista Ámbar Luna en la que hace recorridos en la ciudad. En este trabajo, dividido en dos partes,  te cuento mi experiencia

Sandra de los Santos / Aquínoticias

PRIMERA DE DOS PARTES 

“El cuerpo tiene memoria” dice la artista Ámbar Luna Quintanar, quien es parte del proyecto Impronta, que mezcla la recuperación de los espacios públicos, la visión de género, los recuerdos, las redes sociales en línea y la escritura.

Son las 10:00 de la mañana del domingo 24 de octubre del 2021. Tiene tiempo que no recorro toda la ciudad en colectivo y está vez lo hago así que me retraso algo en llegar a la cita con Ámbar con quien quedamos de  hacer una caminata en la calzada de las personas ilustres.

La invitación a la caminata fue abierta porque es parte del proyecto Impronta, el cual consta de dos partes. La primera que es el Laboratorio de Ciudad para Mujeres que Caminan, que son estas caminatas; y una audioguía para caminar y mapear la ciudad, que se lanzará el próximo mes.

Conozco el trabajo de Ámbar porque he tomado con ella algunas clases así que mis expectativas para la actividad eran altas. Debo de confesar que no fue nada de lo que imaginé…pensé que recorreríamos los lugares cercanos escuchando música y haciendo unos ejercicios, pero no fue así. El proyecto va más allá, lo que busca es detonar los recuerdos que se tienen a través del cuerpo, ir recorriendo los espacios públicos y al mismo tiempo activar la memoria que nos evocan esos sitios y a partir de ahí hacer un ejercicio de narrativa.

El recorrido comenzó afuera del Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa, donde regularmente se reúnen jóvenes a bailar. ¡Qué lindo es ver tanto movimiento! Ver cómo utilizan un espacio público como salón de baile, donde los cristales de la puerta del teatro sirven como espejo.

Lo primero que hicimos fue hacer un círculo y cerrar los ojos, meditamos un rato (al menos lo intenté), y después empezamos a caminar y vimos un primer vídeo por medio de una cuenta en instagram en la que Ámbar hablaba de las añoranzas que le evocaban el Teatro. Luego, empezamos el recorrido y nos pidió detenernos para escribir sobre los recuerdos que nos traía el lugar.

Parada uno. Recuerdos.

Debo empezar por decir que la calzada de las personas ilustres es de mis lugares favoritos en Tuxtla. Descubrí esto hace más de 20 años cuando llegaba al Teatro de la Ciudad a ensayar de manera frecuente, hice teatro algún tiempo.

Me gustan los árboles, los lugares que están a su alrededor y su significado (al menos de manera aspiracional buscan ser espacios de generación y transmisión del conocimiento, de arte y encuentro). También tiene cosas que no me gustan, cada administración municipal que ha hecho una intervención en este sitio ha sido para mal, mejor le hubiera ido al lugar si no lo hubieran volteado a ver.

Juan Sabines Guerrero hizo un tapete lúdico que pronto se descompuso y terminó como basura; Fernando Castellanos Cal y Mayor colocó unas especies de luminarias que también afean el sitio y ya no funcionan; y el gobierno de Carlos Morales Vásquez puso esas letras horribles que dicen “Tuxtla” carentes de  identidad, y unos paraderos de lectura, que nadie utiliza y que no tienen libros. Hace 20 años lo único que no me gustaba eran los bustos de esos “hombres” ilustres. Lo bueno que los desaparecieron.

Aunque, no me han pasado cosas extraordinarias en este sitio, el recorrer este espacio me evoca sentimientos lindos. El encuentro con los árboles, la tranquilidad, el clima (aunque haga mucho calor aquí es más fresco), por eso es común que le digan a mis afectos (antes de pandemia) que nos encontremos en este espacio.

Yami, mi compañerita de tareas, cuando recién vino a vivir a Tuxtla me hablaba del edén que antes habitaba. Me decía que había muchos árboles, que el clima era muy fresco, que pocas cosas se compraban con dinero porque las frutas y las verduras crecían en los patios y no se necesitaba gran cosa para subsistir (así lo veía desde sus ojitos de nueve años). Su nostalgia me estremecía así que decide traerla al Jardín Botánico, el sitio más arbolado en la ciudad, cuando estuvimos aquí toda emocionada le cuestioné “¿Se parece a dónde creciste?” y ella me dijo: “Algo, allá hay más árboles y todo lo atraviesa un río de agua clara”. ¡Qué lejos la traje del lugar que añoraba!

La caminata

Soy la peor persona para seguir indicaciones. Cuando iniciamos la caminata Ámbar nos dijo que buscáramos una banca o un lugar que nos sintiéramos cómodas de la Calzada,  yo ya me iba de largo, ella tuvo que correr y gritarme para alcanzarme y decirme que no podía irme tan lejos.

Al iniciar el recorrido nos dio una hoja y pluma para escribir, pero a mí no me alcanzó (otro error en el sistema). “No te preocupes, precisamente, que suceda esto me ayuda a ver cómo va a funcionar la audioguía” me decía de manera condescendiente cuando yo empezaba a colorear fuera de las rayitas.

Vimos el segundo vídeo en donde Ámbar habla de una amiga y de lo que vivió con ella en su adolescencia. Regresamos a la caminata para detenernos por segunda vez y ahora escribir una carta a una amiga.

Segunda parada. La carta

Desde que venía en el colectivo rumbo a esta caminata pensaba en ti (creo que no hay día en que no te piense, ya sé, ya sé, debo de ponerle saldo a los pensamientos). Caminar siempre me recuerda a ti porque fuiste tú la que me enseñaste a encontrarle gusto a esta actividad, y vos misma fuiste la que me hiciste ver que está ciudad ya era difícil de andar.

Salíamos del Teatro de las Muestras Internacionales de Cine, y entre las dos juntábamos lo que teníamos de dinero y siempre era la misma pregunta: ¿Taxi o tacos? No sé para qué la hacíamos porque siempre era la misma respuesta: tacos. Aunque después había que recorrer más de 10 kilómetros para llegar cada una a su casa.

Hasta que tú me hiciste ver que ya no eran tiempos de caminar por las noches, que cada vez eran más los carros, taxistas que se detenían para hostigarnos, que eran más los tramos que teníamos que salir corriendo porque sentíamos que alguien nos perseguía.

Creo que hasta ahora soy consciente de las veces que me acompañaste en mis recorridos (ya no estoy hablando de las caminatas) a pesar que no te terminaba de gustar lo que hacía, aunque  no te causaba la misma satisfacción que a mí. Gracias, por acompañarme en el camino. Estoy segura que seguiremos andando juntas, aunque por ahora vayamos por calles distintas.

 

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*