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Código Nucú / César Trujillo

Código Nucú / César Trujillo

Pensar el voto

Toda democracia, dice Silva-Herzog, es una máquina complicada cuyas partes se contraponen en un complejo equilibrio. En efecto. Y si a ello le sumamos que en la actualidad las democracias son sistemas políticos representativos, de sustitución y concentración de decisiones, lo son aún más.

La finalidad es, en sí, concentrar las decisiones individuales en las figuras de los funcionarios. Esta se da a través de la presentación de programas de gobierno que los ciudadanos “analizamos” para luego emitir el voto y decidir la mejor opción, es decir, quién podrá tomar las riendas de la administración pública y trabajar por y para el pueblo.

Alejando las corruptelas y malas prácticas acuñadas por los partidos políticos y las cúpulas que han dañado severamente a la democracia en México desde hace años, bajo el esquema anterior podemos señalar que la mayoría de ciudadanos decidimos qué grupo de poder ejercerá el “control” durante cierto periodo establecido en las leyes. Y cuando escribo esto, no sé por qué, confieso, evoco a Rousseau y a aquella frase acuñada que señala: “los individuos sólo eligen a quien en adelante habrá de someterlos”.

Lo cierto es que si el sistema electoral nos brinda un peso igual a cada ciudadano (una persona es igual a un voto), ¿por qué no ejercemos de forma consciente y analítica nuestro derecho a designar a mujeres u hombres que en realidad estén comprometidos en la toma de decisiones, sobre todo sabiendo que éstas nos afectarán a todos?

Es Chiapas el estado más pobre de este país, el más golpeado y uno de los más saqueados por varios años. Súmele su gran clientelismo electoral y la pobreza canalizada como una fábrica de votos y tendremos algunos de los factores que pueden dar respuesta a mi propia pregunta.

Y lo anterior lo señalo porque estamos entrando a la antesala de los comicios electorales que se celebrarán en 2021. En la entidad nos toca elegir representantes del cabildo en todos los municipios, así como a los diputados locales y diputados federales.

La tarea que nos debe corresponder como ciudadanos es la de analizar quiénes serán nuestros próximos representantes populares. La decisión no es sencilla, sobre todo con los antecedentes de políticos mediocres y su desempeño cuestionable. No es tarea fácil buscar el perfil del candidato que podemos acuerpar y del que podemos opinar.

Esta decisión, como platicábamos con el padre Edilberto hace algunos días, debe ser con una mirada crítica y pensando en el futuro de nuestros pueblos que atraviesan una situación económica complicada por la pandemia de la COVID-19, y una crisis sociopolítica añeja que nos obliga a replantearnos la forma y fondo de quienes aspiran a gobernar los pueblos y a ser las voces de todos nosotros en el Congreso local y la Cámara Baja.

Los primeros, es decir, los alcaldes y su cuerpo de regidores y síndico, en muchos municipios, se convirtieron en simples espectros. Le dieron la espalda a los pobladores. Dejaron de caminar las calles y visitar casa por casa a su gente, a aquellos que los necesitaron en este periodo de la pandemia que nos golpeó severamente. Otros apoyaron sólo a los colores que abanderan y se olvidaron que al tomar el cargo gobiernan para todos.

Los segundos, los legisladores, se cuentan con los dedos de las manos aquellos que han sido una voz para los ciudadanos, aquellos que han tomado la tribuna para exigir, denunciar o acuerpar las causas sociales, comprendiendo que se deben al pueblo. Pero sobre todo hacer el trabajo para el que llegaron que es legislar.

Ya lo dijo bien la filósofa y poeta María Zambrano cuando señala que el gran problema de la democracia es cómo hablar del pueblo y cómo hablar al pueblo, cómo hacer que la opinión de la gente permee, que vuele y se escuche, que florezca sin la manipulación de los grupos, pero sobre todo cómo hacer que quienes detentan el poder rindan cuentas de sus acciones.

Bajo este panorama es tiempo de replantearnos y juzgar objetivamente el trabajo que han desempeñado aquellos funcionarios que hoy levantan la mano buscando la reelección. Hombres y mujeres que buscan repetir tres años más en los cargos de elección popular y que para ello deberían haber cumplido, de entrada, con el plan de trabajo que presentaron en 2018. Analizar de forma real, sin maquillajes y sin la complicidad de las aprobaciones de las cuentas públicas que se han convertido en un negocio redondo para auditores y para los mismos integrantes de los cabildos es la tarea que nos toca.

Participar como ciudadanos es repensar el voto. No podemos seguir siendo ciudadanos de aparador, cáscaras vacías que no toman parte de nada. Hoy más que nunca se exige de la participación de los ciudadanos y se nos conmina a ofrecer algo (un poco, un mucho) de nosotros para poder aspirar nuevemente a la colectividad.

Pensar el voto es participar en la vida democrática de esta nación y de esta entidad comprendiendo que si bien la participación es personal esta será siempre un acto social y colectivo.

Manjar

Algunos presidentes municipales que son conscientes de su paupérrimo desempeño no buscaron la reelección en Chiapas. Sin embargo, su jugada es algo parecido a eso. Andan promoviendo a sus esposas para que sean ellas quienes los sustituyan en el cargo. Ver a más mujeres participando en la política siempre será algo digno de celebrar, pero cuando esta participación está destinada a cubrir las corruptelas de sus parejas, o cuando simplemente se prestan al juego de las Juanitas, difícilmente se puede celebrar algo. #JuegoPerverso “Uno es el odio y el amor / -Juan, Pedro, la tierra, el sol- / que lo otro, lo mío, es un pozo / mudoE, ciego, manco, sordo, / a lo topo, / con su música interior / que ve sin ser visto, / habla sin ser oído, / anda sin ser sentido / y para quien todo es amor”. Max Aub. #ElPoema // La recomendación de hoy: el libro Pelnitus del tiempo de Jaime Labastida y el disco Jagged Little Pill de Alanis Morissette. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor qué hacer, póngase a leer.

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