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De mezcalerillas a cuidadoras del mezcal: una historia de mujeres y magueyes

De mezcalerillas a cuidadoras del mezcal: una historia de mujeres y magueyes

Entrar al palenque mezcalero no es cosa sencilla para una mujer, es complicado tener la aceptación masculina y legitimarse frente a tantos hombres, pues pese a todo, la producción mezcalera ha sido una actividad donde predomina la presencia de ellos

Diana Hernández Gómez / Cimac Noticias 

Ciudad de México.- Durante los últimos años, tanto en México como a nivel mundial el mezcal ha alcanzado gran notoriedad y se ha posicionado como la bebida favorita de miles de personas. Las mujeres han participado en este largo proceso desde el siglo pasado, pero su reconocimiento en el ámbito no ha sido un camino sencillo.

Tanto en este rubro como en muchas otras esferas de la vida, a las mujeres se nos ha representado con papeles secundarios. Según estas representaciones, servimos de apoyo para que los hombres tomen el protagonismo en las acciones realmente importantes. Sin embargo, de acuerdo con Graciela Concepción Ángeles Carreño, las mujeres productoras de mezcal demuestran todo lo contrario.

Ángeles Carreño es una productora originaria de Santa Catarina Minas, Oaxaca. Aquí, como en otras regiones del estado, la producción y venta de mezcal es parte importante de la economía de cientos de familias. Y aunque actualmente hay varias mujeres partícipes de esta actividad, la realidad es que su tránsito en la industria no ha carecido de obstáculos e invisibilización.

La incursión de las mujeres en el palenque mezcalero

De acuerdo con el testimonio de Graciela –uno de los varios relatos contenidos en el libro colaborativo Miradas femeninas desde el mezcal (2022)–, desde el siglo pasado, familias como la suya complementaban sus ingresos con la venta de la bebida e inicialmente su producción estaba destinada exclusivamente a los hombres.

Ellos eran los encargados de todo lo que sucedía en el palenque (nombre que recibe el espacio tradicional donde se produce el mezcal). Los padres enseñaban el oficio a sus hijos varones, mientras que las mujeres hacían de mezcalerillas: salían a las calles a vender la bebida. De esta forma, la producción y distribución del mezcal se convertía en una actividad familiar.

Ángeles Carreño afirma que, en todo este proceso, la mujer seguía en segundo plano, pese a desarrollar esta y otras actividades como la alimentación de los trabajadores del palenque o la limpieza de la fábrica cuando concluía la producción de la bebida.

Cuando la mujer tomó mayor protagonismo ante la mirada masculina fue cuando empezó a participar más en aquello que se realizaba dentro del palenque. De acuerdo con Graciela Concepción, esto reivindicó a las mujeres como “cuidadoras del mezcal”; así, se volvieron partícipes activas de la economía familiar, incluso antes de que en México se les otorgara el derecho al voto a mediados del siglo XX.

Sin embargo, la productora mezcalera explica que esto pasó más por necesidades económicas que por cuestiones de inclusión como muchas veces lo pinta el marketing. Además, en familias donde no había hijos varones, las mujeres tuvieron que tomar su lugar y ayudar a abuelos y padres en la producción.

Fotografía: Pixabay

Cuidar el mezcal sin descuidar todo lo demás

Entrar al palenque mezcalero no es cosa sencilla para una mujer. Aquí –escribe Graciela– es complicado tener la aceptación masculina y legitimarse frente a tantos hombres, pues pese a todo, la producción mezcalera ha sido una actividad donde predomina la presencia de ellos.

Según la productora, en el ámbito rural esta lucha se da por completo laboralmente. Así, las mujeres tienen que negociar con proveedores de leña, vendedores o trabajadores y establecer códigos con ellos para hacer un trabajo donde permee el respeto mutuo. Todo esto, además, sin dejar de ser madres, amas de casa, vendedoras y jefas.

A lo anterior se suma el estigma alrededor de la bebida. Aun con su fama a nivel mundial, por lo menos en México sucede algo similar a lo que pasa con el pulque: los pensamientos clasistas y racistas ligan el mezcal con los indios” y los borrachos.

En este contexto –dice Graciela–, “el camino es duro, solitario y lleno de retos” para las mujeres. Es por eso que aquellas que ya están posicionadas dentro de la industria ofrecen su apoyo a las generaciones venideras. Así, el trayecto se vuelve un poco más amigable y las puertas se abren para que más mujeres participen en la actividad.

Preservar una tradición frente a la industrialización mezcalera

La familia de Graciela Concepción cuenta con su propia marca de mezcal llamada “Real Minero”. Ahora, ella forma parte de la generación que encabeza el negocio y esta posición de poder le ha permitido observar lo que ella denomina la cosificación del mezcal.

Imagen: Facebook “Real Minero”

La popularidad de la bebida ha hecho que las personas dejen de apreciar los procesos tradicionales detrás de su producción. Con esto –opina Ángeles Carreño– se pierden de vista cuestiones como el origen, la identidad y la autonomía de los pueblos productores de mezcal; también, historias como la de las mujeres que poco a poco se han abierto paso en este campo.

Pese a esto, hay mezcaleros y mezcaleras como la misma Graciela que trabajan por recuperar esa cara oculta de la bebida. Con ello, no solo reivindican su identidad comunitaria: también demuestran que las mujeres podemos ser líderes en ámbitos económicos de origen ancestral, incluso cuando la historia nos quiera en papeles secundarios.

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