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Doña Nery y sus tamalitos de chipilín
Foto: Lucero Natarén.

Doña Nery y sus tamalitos de chipilín

Originaria de Tonalá, Chiapas, ama de casa y comerciante en Puerto Arista,  ha tenido que ingeniárselas para seguir trabajando desde casa debido a la pandemia, aunque esto signifique vender los alimentos que produce a precios más bajos en su colonia

Lucero Natarén / Aquínoticias

Doña María Nery de Lucio López nació en Tonalá, Chiapas, pero radica en la comunidad 20 de Noviembre, es madre de tres hijas, ama de casa y comerciante. A sus 45 años, su sazón le ha ayudado a colocarse entre las mejores a la hora de vender alimentos, entre ellos sus famosos tamalitos de chipilín.

Desde muy joven, doña Nery, como la conocen en su colonia, aprendió a preparar alimentos propios de su región, como empanadas, pictes de elote, memelas, barbacoa, siendo su especialidad, los tamalitos.

Foto: Lucero Natarén

Ella cuenta que tiene que levantarse desde muy temprano para iniciar con sus actividades, pues, debe buscar la materia prima para la hechura de sus tamales: el chipilín, la hoja de plátano, leña y el maíz cocido.

Doña Nery junto a otras 10 mujeres de su localidad van a vender sus alimentos con los turistas en Puerto Arista, sin embargo, tras el cierre de los centros turísticos por la pandemia, ha tenido que ingeniárselas para seguir contribuyendo a la economía de su hogar, aunque los precios que maneja deben ser menores al costo que comúnmente oferta.

Para hacer sus tamales ella compra la mayoría de sus ingredientes. Relata que ya no puede tener sus plantas de chipilín en casa porque tiene gallinas muy traviesas.

Foto: Lucero Natarén.

En cuanto a las hojas de plátano que utiliza para cubrir los tamales, en temporada de seca debe comprarlas, esto porque se dañan muy fácilmente, -más cuando hay viento-.

El tomate tiene precios variados, por ello, cuando lleva a vender sus tamales a los centros turísticos los precios deben oscilar entre 10 y 15 pesos. En esta contingencia, ha tenido que ponerle el costo de nueve pesos, para poder comerciarlos en su comunidad.

Aunque el trabajo es duro, cuenta que la llena de mucha satisfacción el escuchar de sus clientes que sus productos son deliciosos y de alta calidad. Sin embargo, para ella, uno de sus mayores orgullos es que con su trabajo arduo ha podido darles estudios a sus hijas.

Foto: Lucero Natarén.

Cuando vende en la playa, ella comienza la preparación por la noche, esto con el objetivo de que sus tamalitos estén listos y calientes por la mañana. Su esposo la va a dejar en motocicleta para que los pueda vender.

Doña Nery cuenta que en ocasiones ha tenido que recorrer de Puerto Arista a Playa del Sol e incluso hasta Boca del Cielo, pagando transporte junto a sus compañeras, con el objetivo de terminar de vender sus productos y no llevarlos de vuelta a casa.

Ella no únicamente cocina tamales de chipilín, también prepara de pollo, mole, y frijoles, e incluso los acompaña con café o arroz con leche. Dice que se siente un tanto frustrada al no poder salir de su hogar y vender sus alimentos.

En WhatsApp ha encontrado una herramienta para mantener comunicación con los consumidores, quienes no dudan en hacer sus pedidos, los cuales llegan hasta la puerta de su hogar. Ella mantiene la confianza que este confinamiento y el virus terminarán pronto para recorrer una vez más la orilla de la playa con sus ricos tamales.

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