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El día que la esperanza llegó en un envase muy pequeño

El día que la esperanza llegó en un envase muy pequeño

Karla Polanco es médica internista en el hospital “Dr. Gilberto Gómez Maza”. Ella fue parte del personal médico que recibió este miércoles la primera dosis de la vacuna contra el COVID-19

Sandra de los Santos / Aquínoticias

Cuando se levantó esta mañana para irse a trabajar al hospital “Dr. Gilberto Gómez Maza” no se imaginó que sería el día en que recibiera la vacuna contra el COVID-19, pero así fue. Después de haber recibido la dosis dice que lo único que le dio fue un poco de dolor de brazo y mucha hambre, aunque lo segundo fue por los nervios de haber recibido la vacuna.

Karla Polanco Galindo tiene 43 años de edad y 12 años siendo especialista en medicina interna. Está adscrita al Hospital General Dr. Gilberto Gómez Maza, el lugar que más pacientes recibe en toda la entidad y que aunque no es clínica COVID también está atendiendo casos de este tipo.

“Las personas no saben o no te dicen que están enfermos de COVID y llegan a consulta o al hospital por otro padecimiento y resulta ser que tienen coronavirus. A todo el personal médico esté o no esté en el poliforum nos ha tocado atender a pacientes con COVID-19” cuenta la doctora apenas unas horas después de haber sido inoculada.

La médica está evidentemente emocionada y conmovida. Está contenta por haber recibido la vacuna, pero no deja de pensar en sus compañeros y compañeras que se quedaron en el camino, que se contagiaron y fallecieron sin llegar a este día, en el que tal pareciera que empezó en Chiapas el principio del fin de la pandemia, aunque falta algunos meses para que la vacuna llegue a toda la población.

Cuando este miércoles por la mañana le informaron que sería vacunada junto con todo el personal del hospital ni un momento dudó en ser inoculada a pesar de estar en periodo lactante. Es una mujer de ciencia, le ha dedicado su vida a ello y sabe bien cómo funcionan las vacunas.

“En todas las vacunas hay un grado de riesgo, pero que pase algo grave es una posibilidad en un millón es como sacarse la lotería, pero de la mala suerte el tener una reacción muy negativa. Pero, eso pasa hasta con el paracetamol, pero no por eso lo dejamos de recetar porque la posibilidad de que pueda causar una reacción adversa es remota en comparación a lo que ayuda” cuenta la médica.

Antes de ser vacunada firmó una responsiva y se le cuestionó sobre su estado de salud, también le advirtieron que no podía consumir alcohol durante los 15 días siguientes. El próximo 03 de febrero le toca la segunda dosis.

Según explica la especialista en medicina interna después de la primera dosis se desarrollan hasta un 60 por ciento de defensas, pero eso sucede entre los 10 a 15 días de la aplicación. En la segunda dosis se logra ya un reforzamiento que llega hacer en algunos casos hasta superior del 90 por ciento, pero también se alcanza esto a después de unas semanas.

Karla al principio de la pandemia estuvo de permiso por maternidad y lactancia así que de marzo a julio no estuvo trabajando, aun así fueron meses muy difíciles porque su esposo también es médico y él siguió con su labor.

“Mi hija y yo nos aislamos en un cuarto y andábamos adentro de la casa con cubrebocas. Él llegaba y era todo el protocolo para poder pasar el cual  seguimos haciendo hasta ahora” cuenta la especialista.

Cuando regresó a laborar en agosto dice que lo hizo con mucho miedo, sobre todo pensando en su hija que es una pequeña que sigue dependiendo de ella hasta para comer porque se alimenta de leche materna.

A Karla le tocó estar en la primera línea durante la influenza en el 2009, tenía poco de haber salido de la especialidad y no dudó en estar en el área de las personas que estaban más graves con la enfermedad, pero ahora ya no es lo mismo porque este virus resultó ser más contagioso y tiene que pensar en su hija.

“Pensé que lo de la influenza era lo peor que me pudo haber pasado durante mi carrera, pero no me imaginaba lo que nos venía. Aunque los primeros meses no estuve en el hospital para mí fueron de mucha angustia porque no dejaba de pensar en los compañeros, en mi esposo y hasta llegué a pensar en por qué no nos dedicamos a otra cosa” dice. Aunque también reconoce que otra parte de ella, con todo con su hija en brazos, quería ya regresar a trabajar.

En el 2009, cuando estaba a punto de finalizar la pandemia se contagió de influenza y ahí sí le dio mucho miedo porque padece de asma. Dice que el cansancio en la primera línea hace que el personal médico se vuelva descuidado sobre todo cuando ya se lleva tiempo haciéndole frente a la enfermedad.

“En el hospital les ando recordando a todos las medidas, para que no nos descuidemos. El cansancio a veces nos orilla hacer tonterías y ahí es donde se llega una a contagiar, es lo que me pasó a mí con la influenza” recuerda.

A las pocas semanas de haber regresado a trabajar tuvo que entrar al área donde estaban las personas con COVID. Lo hizo con todas las precauciones y estando adentro se le fue el miedo, pero cuando salió y tenía que quitarse el traje le regresó el temblor en las piernas, esa sensación de que algo podía salir al mal al momento de quitarse la protección, afortunadamente, no fue así.

Hasta ahora Karla no se ha contagiado, pero trata de no descuidarse ni un solo momento porque sigue conviviendo con su hija lactante. Ya perdió la cuenta cuántas personas con COVID-19 ha tratado, pero aun así continúa teniéndole respeto a la enfermedad, sabe que es un virus que no tiene palabra.

Durante los últimos 10 meses, Karla Polanco ha tenido días de profunda angustia, de no poder dormir, de imaginarse ella misma intubada; pero hoy su sueño será diferente, su ánimo es distinto, el saber que pronto podrá irse a arrullar a su hija sin miedo hace que el temblor en sus piernas y el dolor de estómago desaparezca, la hace confiar que todo esto va a pasar.

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