El juego de las palabras

La RAE incorporó 3 mil 836 palabras a su diccionario entre las que se encuentran: ñañaras, bitcoin, valemadrismo, valemadrista, poliamor y transgénero

Sandra de los Santos / Aquínoticias

Las palabras importan escuchamos de manera común cuando de lenguaje nos referimos y estoy convencida de ello. Usar las palabras correctas nos permite zanjar problemas o convertirlos en cosas irremediables. A veces nos faltan palabras para poder expresar nuestros sentimientos, estados de ánimo o situaciones, entonces, inventamos una expresión o nombramos eso de la mejor manera que podemos.

El mundo cambia y necesitamos nombrarlo. Hay palabras y expresiones que antes no eran necesario nombrarlas porque ni siquiera eran permitidas. «Poliamor», por ejemplo. «¿Cómo que alguien puede estar con más de una persona a la vez y todas ellas saberlo y estar de acuerdo?» diría cualquiera hace unas décadas, pero ahora esa palabra ya está incluida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

La Real Academia de la Lengua Española acaba de agregar 3 mil 836 novedades a su versión electrónica que recoge el léxico utilizado en España y los países hispánicos. El número de palabras que agregó son muchas más tomando en cuenta que en el 2019 fueron mil 100 y el 2020,  un total de 2 mil 500. Según han expresados las y los integrantes de esta agrupación el incremento desbordante se debe a la digitalización y la tecnificación de la sociedad, de ahí que aparezcan palabras como: «bitcoin», «criptomoneda» o «webinario».

El trabajo de la Real Academia de la Lengua Española es explicar cómo habla la mayoría de las personas. No es que autorice o permita el uso de cierta palabra, realmente, lo que sucede es que cuando es utilizada por un número significativo de la sociedad por determinado tiempo, la recoge, la anota por así decirlo y pasa a ser parte del diccionario.

Las palabras son las que conforman nuestro lenguaje y es por medio de éste que nombramos el mundo, expresamos nuestros sentimientos, describimos lo que sucede.

Hay quienes nos encantan las palabras, disfrutamos conocer su significado, construir nuevas, desdoblar el lenguaje. Con mis estudiantes, regularmente, juego a las palabras. Les pregunto cuál es su palabra favorita, cuál no les gusta, qué palabras han inventado, qué sentimiento o situación les ha faltado las palabras para nombrarlo y cómo quisieran llamarlo.

A mí no me gusta la palabra «marrón», me encanta cómo suena «mamita», «azul», «violeta», «meditabundo», «tristeza»…un amigo me enseñó a decirle «asereje» a cuando se está enfermo físicamente, pero sobre todo del alma. «Tengo mi asereje» me decía y era hora de preparar té de manzanilla y «apapacharlo» también esa palabra me gusta porque es más que un abrazo. No a cualquiera se le apapacha.

Siempre hay que cuidar nuestras palabras, cómo nombramos nuestros sentimientos, pensar qué queremos y cómo queremos decirlo. El lenguaje importa.

 

 

 

 

 

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