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En la Mira / Héctor Estrada

En la Mira / Héctor Estrada

La crisis del priismo nacional y chiapaneco con miras al 2024

Las cosas en la cúpula del Partido Revolucionario Institucional (PRI) no andan nada bien, ni en lo nacional ni en lo local. Mientras a nivel nacional Alejandro Moreno Cárdenas se enfrenta a uno de los escándalos más duros de su carrera política tras los audios filtrados por Layda Sansores, en Chiapas, su protegido, Rubén Zuarth Esquinca mantiene un litigio legal que amenaza su permanencia en la dirigencia estatal.

A Zuarth Esquinca no le ha ido nada bien desde su cuestionada “reelección” reciente. El proceso que le permitió postularse como candidato único al Comité Directivo Estatal terminó por causar una profunda ruptura al interior del ya de por sí mermado partido. Sin olvidar, la denuncia penal por abuso sexual, hecha pública en marzo pasado, contra el propio dirigente estatal, que hasta la fecha sigue en proceso.

Hace apenas unos días la Sala Xalapa del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordenó al Tribunal Electoral del Estado de Chiapas revisar nuevamente el proceso interno que permitió la ratificación de Zuarth en la dirigencia estatal. El órgano electoral federal sentenció que había elementos suficientes para poner en tela de duda la legalidad del proceso interno.

En pocas palabras, la Sala Xalapa encontró inconsistencias en los procedimientos y tiempos utilizados por la Comisión de Procesos Internos del PRI Chiapas para emitir la convocatoria. No se llamó a los comités municipales a la asamblea estatal y no se público debidamente la convocatoria en los espacios oficiales del partido, entre otras anomalías que, según las fuentes de impugnación, restaron transparencia, legalidad y máxima publicidad al proceso.

Las cosas han alcanzado su punto de definición en el peor momento para Rubén Zuarth. Alejandro Moreno, quien se convirtió en uno de sus principales protectores durante la controversia electoral, enfrenta hoy una severa crisis de imagen pública tras los audios publicados por la propia gobernadora de Campeche, Layda Sansores, en los que se escucha al dirigente nacional acordar negocios turbios e incentivar la violencia contra periodistas.

Aunque el líder nacional del PRI ha intentado descalificar las grabaciones, asegurando que son “falsas”, el daño a su credibilidad e imagen pública parece estar hecho. Así, con Alejandro Moreno entretenido en su propia tragedia, el asunto en Chiapas se ha quedado prácticamente en manos de Rubén Zuarth y sus alianzas locales que, si bien ya ratificaron su designación anteriormente, esta vez se encuentran bajo el escrutinio del tribunal electoral federal.

Lo cierto de todo esto es que el priismo se encuentra seriamente fracturado y lastimado. A poco menos de año y medio para que inicie el proceso electoral rumbo a los comicios de 2024 el panorama no luce nada alentador para las dirigencias nacional y estatal. No se ha trabajado en la formación de nuevos liderazgos que realmente compitan y las estructuras municipales han sido seriamente mermadas en sus capacidades de operación electoral.

Con el claro desgaste hoy resulta evidente que el Revolucionario Institucional, en México y Chiapas, necesitará inevitablemente del acompañamiento de PAN y el PRD para intentar hacer frente a las contiendas electorales que se realizarán ya dentro dos años. No hay de otra. Su incapacidad para renovarse o sacudirse el lastre que los sacó del gobierno federal, y la permanencia de las mismas mafias de siempre, lo tiene ya en la antesala de nuevos descalabros que lo acercan cada vez más a ese precipicio que tanto ha decidido evadir… así las cosas.

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