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Galimatías / Ernesto Gómez Pananá

Galimatías / Ernesto Gómez Pananá

Costumbres con C

Primera C. El cinturón de seguridad para autos surgió en 1956. Algunos autos Ford lo instalaban como un accesorio adicional. Tres años después, la marca sueca Volvo empezó a instalarlo como un equipamiento de serie en todos sus vehículos y liberó su patente para que cualquier fabricante pudiera instalar su modelo de cinturón de tres puntos.

En México no fue sino hasta la década de los noventas cuando las leyes de tránsito comenzaron a establecer su uso obligatorio, primero en el Distrito Federal y gradualmente en el resto del país. Estábamos tan acostumbrados a no usarlo que en algunos semáforos era posible comprar cinturones falsos para evitar la infracción.

Treinta años después, el uso del cinturón de seguridad en vehículos particulares ha trascendido las multas, su uso se normalizó y hoy lo raro es observar personas arriba de un auto en movimiento sin que lo lleven puesto. Comprendimos que su uso salva vidas -millares al año- y hoy es cosa de lo más común.

Segunda C. En la década de los años ochentas, el mundo supo de una nueva enfermedad de origen poco claro pero con consecuencias funestas: 1984, Los Ángeles, California. Nueve casos de varones homosexuales, presentaban todos síntomas similares y todos reportaban haber tenido parejas sexuales en común. A partir de eso centenares de fake news, especulaciones y morbo. Al tiempo, la consecuencia para la humanidad fue la de aprender a vivir con el riesgo del VIH y modificar nuestro comportamiento en materia sexual: el uso del preservativo pasó de ser un método masculino para evitar embarazos, a ser el mecanismo más confiable para evitar contraer el SIDA.

Tercera C. Ambas cuestiones, el uso del cinturón de seguridad y el uso del condón tienen en común tres cosas: la primera, surgen como acciones útiles y necesarias para salvar vidas humanas; la segunda que luego de un tiempo logramos acostumbramos a ellas, fuimos capaces de modificar nuestras conductas y esto es parte de lo que nos hace humanos, y tercero, ambas situaciones son prueba de que la nueva normalidad que viene la incorporaremos gradualmente hasta acostumbrarnos a ella y vivir el cubrebocas y el mayor rigor sanitario como prácticas cotidianas y necesarias que salvan vidas.

Oximoronas. La generación actual vive dos acontecimientos de enorme trascendencia. La pandemia por supuesto, pero también los primeros pasos para la llegada de la especie humana a Marte. Ambos, viajes sin retorno a lo que fuimos antes.

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