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Galimatías / Ernesto Gómez Pananá

Galimatías / Ernesto Gómez Pananá

Urbe sin Uber

A inicios de esta semana, la plataforma de transporte entre particulares Uber anunció el inicio de operaciones en Tuxtla Gutiérrez. Menos de 24 horas después, la autoridad reguladora del transporte en el estado anunció penas de hasta siete años de cárcel para quien preste servicios sin tener la concesión respectiva, además de recordar que “Chiapas es un estado bronco y (los choferes de Uber) deben de tener cuidado”, léase riesgo de vandalización de autos y golpiza a conductores a manos de taxistas tradicionales.

Los servicios de transporte público en Tuxtla Gutiérrez tienen una historia lenta y gris, a la zaga incluso de entidades con un desarrollo económico y demográfico similar: hace unos veinticinco años, cuando en Mérida o el Puerto de Veracruz las rutas de autobuses urbanos disponían de paraderos fijos y boletaje impreso y foliado, aquí padecíamos autobuses que se paraban literalmente donde se les pegaba la gana y con cobro en mano del chofer, sin boletos, sin seguro del pasajero ni cosa que se le pareciera por no hablar de lo que fue la plaga de los llamados microbuses que inundaron la ciudad en sustitución de las -hoy tan de moda- combis.

En cuestión de taxis la situación era similar: vehículos en mal estado, tarifas arbitrarias, irregularidad en lo permisos y choferes con vocación discotequera. Tres décadas después, sería hipócrita negarlo, algunas cosas han avanzado, pero muchas otras no.

En qué hemos avanzado: hoy, el transporte colectivo se detiene sólo en paradas autorizadas, los taxis usan una sola cromática autorizada y al menos aparentemente, las unidades suelen ser de modelos más recientes o al menos se encuentran en mejores condiciones. Más allá de esto, la situación no ha cambiado y es más, en lo que toca a los permisos o concesiones, la situación es aún peor:
Hoy, además de los taxis con concesión regular -legal y correcta- las calles están llenas de autos amparados, tolerados o con placas duplicadas, sin olvidar la forma en la que estas concesiones se han otorgado y cómo están en manos de unos cuántos que ganan millones al mes por la renta de las mismas. Un negocio tipo naranja: redondo y jugoso.

En este escenario, llega Uber, una plataforma electrónica que es insignia en el nuevo modelo de negocios del milenio actual: habitaciones sin hoteles, boletos sin aerolíneas, comida sin restaurantes y taxis sin automóviles. Ante un modelo nuevo y más eficiente, la respuesta es ortodoxa y rústica: en Tuxtla, para operar, Uber requiere placas de taxi.

Para nadie es un secreto que el negocio de placas de taxi -concesiones de transporte público sin ruta fija para decirlo con elegancia, genera muchísimo dinero y es causa y motivo de corrupción. En prácticamente todos los sitios a los que ha llegado, Uber -y las otras marcas con servicios similares- han generado competencia, mejores costos y mejores servicios, la capital de Chiapas no debiera ser la excepción.

Seamos una urbe mediana abierta a la modernidad. Conservemos nuestra cultura y nuestra historia, pero superemos nuestros “usos y costumbres”, particularmente aquellos caciquiles y turbios que tanto daño nos causan.

Oximoronas. Se celebró ayer el día del médico -y la médica para ser políticamente correcto-. Vaya un pensamiento para mi padre y una felicitación para mis amigos médicos, muchos de ellos héroes en esta batalla viral que parece no tener final. Gracias.

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