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INAH lanzará tres libros digitales y gratuitos, en homenaje a Carlos Monsiváis

INAH lanzará tres libros digitales y gratuitos, en homenaje a Carlos Monsiváis

Los historiadores Esther Acevedo, Lilia Venegas, Carlos San Juan y Francisco Pérez Arce son los autores de: Instantáneas vitales; Monsiváis, el gozo de la rebeldía y Una subversión llamada Monsiváis

Aquínoticias Staff

Con tres lúcidos ensayos que atisban a ese personaje inasible, rebelde y brillante que fue Carlos Monsiváis, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) rinde homenaje a quien fuera su investigador y mentor de noveles historiadores, en el marco de su décimo aniversario luctuoso, los cuales, en breve, estarán a disposición de todo interesado en su vida y obra, mediante publicaciones digitales de descarga gratuita.

En voz de sus autores, los investigadores de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, Carlos San Juan Victoria, Esther Acevedo, Lilia Venegas y Francisco Pérez Arce, los libros Instantáneas vitales. Carlos Monsiváis, 1938-2010Monsiváis, el gozo de la rebeldía Una subversión llamada Monsiváis, fueron presentados dentro de la XXXI Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH).

Los tres títulos derivan de los trabajos de la Cátedra Monsiváis, ejercicio académico que se desarrolla en la DEH para continuar con su pensamiento. A decir del historiador y economista Carlos San Juan, la idea es invitar al lector a acercarse a su mundo, donde el discernimiento profundo y la ironía daban orden al caos en que vivimos en el orbe, en el país y, particularmente, en la Ciudad de México.

En el primer libro, una rica compilación de fotografías, muchas de ellas desconocidas pues forman parte del álbum familiar (cedido por su prima Beatriz Sánchez Monsiváis), las historiadoras Esther Acevedo y Lilia Venegas dan cuenta de la evolución del gran escritor, de los múltiples ámbitos y círculos sociales e intelectuales de los que se rodeaba.

El segundo, Monsiváis, el gozo de la rebeldía, de Francisco Pérez Arce, es un relato impregnado del espíritu insumo y libertario que marcó al México de 1968 y a sus jóvenes generaciones, a las cuales pertenecen el homenajeado y el propio autor. Por último, en Una subversión llamada Monsiváis, Carlos San Juan elabora un trazo de su vida a través del “centro de gravedad” sobre el que giraban sus diversos intereses: “la vocación de trastocar los órdenes estéticos, sociales, culturales y políticos”.

Los investigadores del INAH dejaron las anécdotas fluir en un conversatorio, transmitido vía remota por el canal de INAH TV en YouTube, como parte de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México. El pretexto fueron siete retratos de Monsiváis que resultan simbólicos de su transformación vital.

Lilia Venegas anotó que son fotos de cartera, las que revelan que hubo un Carlos Monsiváis antes y después de 1968: “Él insistía mucho en que la juventud mexicana fue otra después de ese año; eso lo vemos en estos retratos, un muchacho de semblante adusto, vestido de saco y corbata, que después aparece con chamarra, camisa un poco desabotonada y algo despeinado”.

Tras su involucramiento en el movimiento estudiantil, una fama que comenzaba a subir gracias a sus crónicas, una autobiografía y su primer libro publicado, Días de guardar, a inicios de los años 70, Monsiváis se trasladó a Essex, Inglaterra, donde se empaparía de los llamados estudios culturales en boga y a los que daría carta de naturalización en México.

Por su parte, Esther Acevedo hizo hincapié en que antes y posterior a esa experiencia, Monsiváis ya tenía un lugar dentro de la “mafia” intelectual, como lo deja ver la famosa foto fechada en 1965, en la que aparece en La Ópera, en compañía de Carlos Fuentes, Fernando Benítez y José Luis Cuevas. U otra más junto a José Emilio Pacheco y Gabriel García Márquez e, incluso, una en solitario con Jorge Luis Borges.

En opinión de la historiadora, cada una de esas instantáneas aporta información sobre las complicidades y las redes entre los literatos mexicanos. Detrás de esos grupos está la creación de suplementos culturales en diarios y revistas; de proyectos cinematográficos como En este pueblo no hay ladrones (adaptación de un cuento corto de García Márquez y con la actuación de Monsiváis), una “mafia” nacional con incidencia en el ámbito internacional.

En más de 50 años de trabajo periodístico y literario, Monsiváis creó su propia galaxia donde “alta cultura” y cultura popular confluían, así lo manifestó Lilia Venegas, al referir que las imágenes no dejan mentir, en ellas aparece con María Félix, Silvia Lemus y Margo Su (fundadora y propietaria del Teatro Blanquita); con las chicas del grupo Flans y Yolanda Montes “Tongolele”, con el conductor  Raúl Velasco y el cronista Salvador Novo, con Gabriel Vargas o con Juan Gabriel, “El divo de Juárez”.

Su aportación a la libertad intelectual fue tan relevante, como precisa su memoria privilegiada y su ánimo lúdico; en ese sentido, las especialistas de la DEH destacaron su constante activismo en pro de las causas más diversas, desde la antitauromaquia hasta el apoyo al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, luchas en las que tenía coincidencia con otro personaje rebelde, Francisco Toledo, de ahí que el caricaturista “El Fisgón” los llamara “Dos tipos de cuidado”.

A su vez, San Juan y Pérez Arce comentaron que un personaje así solo podía darse en los años 50, cuando la Ciudad de México “era todavía a escala humana” y se podía andar con amigos en largas caminatas; sus partenaire por calles de la colonia Roma, avenida Insurgentes y Bucareli eran, nada más ni nada menos, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol.

“En una de esas caminatas, Sergio y Carlos recalaron en el ‘María Bárbara’, Sergio le dijo: Quiero quedarme en México, pero también alejarme. Y Carlos le respondió: Quédate, hay mucho por hacer. Todo está congelado: la legislación, el culto a los héroes, los ritos oficiales de la Revolución, la monumentalidad de los políticos. Hay que comenzar a reírse de todos. Están preparados para responder al insulto, aun al más violento, pero no al humor”.

“Era el 23 de mayo de 1962. Luego de una reunión con el grupo de Cine Nuevo y de ver un western feminista, los amigos pararon a comer unos tacos frente al Cine Insurgentes, e irrumpió un voceador con las últimas noticias: Rubén Jaramillo, el líder campesino, había sido asesinado junto con toda su familia. Entonces, a los amigos les envolvió una sensación de irrealidad, de ira y de horror”, finalizó San Juan, para comprender las convicciones, la empatía, el talante y la inteligencia de Monsiváis.

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