Perdonar una infidelidad no debe ser motivo de juicio social, advierten especialistas

Psicólogas señalan que, tras una infidelidad, la persona afectada no solo enfrenta dolor y decepción, también presión social para tomar una decisión rápida. Acompañar sin juzgar puede ser clave en su proceso emocional

AquíNoticias Staff

Las relaciones de pareja se construyen con dedicación, comunicación, compromiso y confianza. Cuando uno de esos elementos se rompe, el vínculo entra en una zona compleja. La infidelidad suele ser una de las causas más dolorosas de ruptura, porque afecta directamente la confianza, uno de los pilares de cualquier relación afectiva.

Sin embargo, no todas las personas deciden terminar la relación después de una traición. Algunas consideran la posibilidad de perdonar, reconstruir el vínculo o darse un tiempo para entender lo ocurrido. Esa decisión, además del dolor personal, suele venir acompañada de otro peso: el juicio social.

La psicóloga Claudia Nicolasa, especializada en análisis de personalidad, relaciones interpersonales y manipulación emocional, abordó recientemente este tema al comentar un caso expuesto en el programa La isla de las tentaciones, donde uno de los participantes se mostró abierto a dar una segunda oportunidad a su pareja después de 11 años de relación.

De acuerdo con la especialista, una de las primeras emociones que aparece tras una infidelidad es la vergüenza de admitir que existe disposición a perdonar. Esto ocurre porque la persona afectada no solo enfrenta la traición de su pareja, sino también frases, opiniones y presiones externas que pueden condicionar su proceso emocional.

Comentarios como “si perdonas, no te quieres” o “si perdonas, eres tonto” pueden profundizar el daño. Según Nicolasa, este tipo de señalamientos dificultan que la persona elabore su duelo de manera genuina, porque la obligan a actuar frente a la mirada ajena antes de atender sus propias necesidades emocionales.

Por ello, la recomendación de la psicóloga es clara: no juzgar, no sentenciar y acompañar. La decisión de continuar o terminar una relación después de una infidelidad pertenece a quien vive el proceso, no al entorno que observa desde fuera.

La pregunta de fondo suele ser inevitable: ¿se puede recuperar la confianza después de una infidelidad? Para la psicóloga Elizabeth Clapés, la respuesta depende de cada persona y de cada vínculo. En algunos casos, una crisis de este tipo puede derivar en una relación más honesta si ambas partes están dispuestas a trabajar en la reparación.

La especialista también advierte que pedir demasiados detalles puede alimentar la imaginación y aumentar el sufrimiento. En lugar de convertir la traición en una escena repetida mentalmente, sugiere trabajar en comprender lo ocurrido y revisar si existen condiciones reales para reconstruir la relación.

La terapia de pareja puede ser necesaria en muchos casos. Pero no basta con asistir a sesiones: quien fue infiel debe demostrar con hechos confianza, lealtad y disposición a reparar; mientras que la persona afectada debe decidir si está emocionalmente abierta a recibir esa reparación.

Perdonar una infidelidad no significa negar el daño ni justificar la traición. Tampoco implica que la relación deba continuar a cualquier costo. Significa, en todo caso, que la persona afectada necesita tiempo, claridad y acompañamiento para decidir desde su propio proceso, no desde la presión social.

En una ruptura o en una reconciliación, lo importante es que la decisión no nazca del miedo al juicio externo. Cada historia tiene matices, heridas y límites distintos. Por eso, frente a alguien que atraviesa una infidelidad, la respuesta más humana no es dictar sentencia, sino escuchar.

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